domingo, 20 de octubre de 2019

Barcelona, la “Rosa de Foc”

Rosa de Foc (Rosa de Fuego) fue el sobrenombre que se le dio a Barcelona en las primeras décadas del siglo XX.

Friederich Engels ya dijo, en su día, que Barcelona era la ciudad con más barricadas por metro cuadrado.

Si con todo lo que has conocido esta semana todavía no has tomado partido sobre lo que pasa en Cataluña, es que ya has tomado partido. El partido de la represión.

Antes de condenar la violencia directa de estas noches en Barcelona, hay que condenar la violencia estructural y la violencia cultural que la originan. Estas otras dos violencias son las únicas responsables de que esa violencia directa exista.

Barcelona. La Rosa de Foc. 2019.10.15


 VIOLENCIA DIRECTA O FÍSICA 
Desde hace algunas noches hay violencia directa en Cataluña: se queman contenedores, se rompe mobiliario urbano, etc.

Se trata de una violencia directa o física. Como los asesinatos, las torturas, las mutilaciones, las agresiones, etc. O como la violencia represiva ejercida por la policía. 

Quienes tienen el poder difunden machaconamente por los medios de manipulación mediática una y otra vez (televisiones, emisoras de radio, periódicos, etc.), que esta violencia que sucede en Cataluña nos daña a todos.
Que daña nuestra convivencia, que daña nuestra imagen y que daña nuestros recursos. Cuyos efectos tendremos que pagar luego entre todos.
Esto es una visión parcial, porque la violencia directa o física no es la única violencia existente. Ni, tampoco, la más importante.
Según Galtung, el mayor teórico sobre la violencia, una violencia directa o física, es sólo la punta del iceberg que indica la existencia de otras violencias mucho más profundas.
Ninguna violencia directa aparece porque sí. Responde siempre a causas que permanecen ocultas en la base del iceberg: represión política, centralismo estatal, explotación económica, alienación ideológica, pobreza, etc.
Esas causas, que permanecen ocultas, constituyen la violencia estructural


 VIOLENCIA ESTRUCTURAL 
La violencia estructural consiste en todo el entramado de estructuras sociales que impiden satisfacer las necesidades humanas básicas a una parte importante de la población.
En síntesis, todas las necesidades reconocidas en los derechos humanos: alimentación, vivienda, trabajo, educación, participación política, medio ambiente, pensiones, sexualidad, etc.
Si la PAH hace un escrache (violencia directa), es porque hay un grave problema de vivienda (violencia estructural). Si los trabajadores hacen una huelga, es porque hay un problema laboral. Si los pensionistas cortan las carreteras, es porque hay un problema con las pensiones. Si las mujeres y los LGTBI hacen una manifestación, es porque hay un problema con el ejercicio de sus derechos.
Un escrache de la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca)
Esta violencia propia de las estructuras sociales es ejercida siempre, de modo despiadado, por la minoría que controla el poder.

Lo hace controlando la economía, la participación política, las leyes, los jueces, el ejército, las policías, las televisiones, las emisoras de radio, la prensa, etc.
La violencia directa, que estas noches hay en Cataluña, responde a unas causas estructurales.
Jóvenes, hartos de ver ninguneadas sus reivindicaciones, dicen basta.  Y protestan como pueden y en el grado que el cuerpo les pide.
No se trata de fanáticos enloquecidos. Se trata de jóvenes que expresan una rabia colectiva ante una situación frustrante.
Y la expresan violentamente porque han llegado a la conclusión de que, liándola, es la única manera de que les hagan caso.
Se trata de menores de 25 años, partidarios de acciones duras, en contraste con los independentistas de más edad.
No tienen un perfil concreto. Son jóvenes de diversos tipos. 
Tras entrevistar, bajo anonimato, a una decena de ellos,  eldiario.es concluye que son jóvenes de izquierda independentista, anarquistas e incluso hay una minoría de menores de 16 años en busca de adrenalina.
Todos afirman que sus acciones son siempre una respuesta a agresiones policiales.
Todos insisten, también, en que intencionadamente no han quemado ningún vehículo y que su incendio se ha debido a los fuegos de las barricadas.
Un universitario independentista de 19 años afirma: "hemos crecido con el Procés y el 1-O. Llevamos muchos años aguantándonos, haciendo caso a los mayores y ya hemos visto para qué ha servido: están todos en la cárcel".

Según este joven, mucha gente de su entorno consideraba que las protestas pacíficas no servían para nada. Pero se reprimían porque lanzar una sola piedra estaba muy mal visto. Poco a poco esto ha cambiado y ahora se ha roto el tabú.


Una estudiante universitaria de poco más de 20 años añade: "Ya sabemos que quemando contenedores no se conseguirá la independencia, pero es que ya hemos visto que pacíficamente tampoco. Como mínimo podemos mostrar al mundo nuestra frustración".
La violencia directa o física es el único camino que queda, para enfrentarse a la violencia estructural, cuando quienes controlan todos los resortes del poder impiden cualquier tipo de disidencia.




 VIOLENCIA CULTURAL  
Todavía hay una tercera violencia. También escondida en lo más profundo de la base del iceberg. Es la violencia cultural.
Esta tercera violencia criminaliza toda violencia directa que intente cambiar las estructuras sociales.
Y justifica dichas estructuras tal como son: centralistas, explotadoras, racistas, etnicistas, xenófobas, sexistas, homófobas, aporófobas, etc.
Intenta modelar la conciencia de la gente, para que los oprimidos acaben apoyando a sus opresores.
La educación, un arma de control y violencia cultural

Durante el franquismo, esa función se realizó básicamente con el nacional-catolicismo que impregnaba toda la sociedad.
Este nacional-catolicismo, todavía es defendido por los sectores sociales más retrógrados. Como VOX y una parte importante del PP.
Franco, rodeado de obispos, entra en la Iglesia bajo palio

Actualmente, la violencia cultural se ejerce mediante los medios de manipulación mediática: las televisiones, las emisoras de radio, la prensa y las redes sociales. 

Los opresores tienen departamentos de marketing (o de guerra psicológica), para manipular Twitter, Facebook, WhatsApp, etc.
Desde sus granjas de ordenadores robot, difunden bulos y falsas noticias. Y multiplican su alcance haciendo que parezca que mucha gente las apoya.
La manipulación a través de las redes sociales, un arma de control y violencia cultural

Cuando los principales medios de comunicación españoles hablan de Cataluña, utilizan siempre un mismo idioma: radicales, violentos, extremistas.
Durante años han repetido lo violentos que eran los independentistas catalanes. A pesar de no existir ninguna violencia y de defender la desobediencia civil no violenta.
Los medios de comunicación del Estado español, voceros del pensamiento único sobre Cataluña

Ahora, a partir de los hechos que se están produciendo en Cataluña, los medios de manipulación mediática dividirán entre independentistas buenos e independentistas malos: violentos, radicales, extremistas, adoctrinados y come-niños.
Como cuando en Euskal Herria preguntaban: «¿tú con quien estás? ¿con los demócratas o con los violentos?”
Si todavía sólo ves únicamente la violencia directa o física (y no sólo en Cataluña), entonces no has entendido nada.
Esta violencia directa es la explosión de la ira contenida ante la imposibilidad de lograr pacíficamente el más mínimo cambio.

¿Todavía no has tomado partido? Entonces ya has tomado partido. Has tomado partido por la represión.





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