ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026
Este texto fue escrito a partir de la muerte de un repartidor de Glovo en Barcelona. Aquella muerte no fue solo un accidente laboral aislado. Señalaba una forma nueva de precariedad: trabajadores solos, conectados a una aplicación, presionados por el tiempo, sin la protección real que debería acompañar a cualquier empleo.
Leído hoy, el texto conserva su fuerza porque habla de algo que sigue atravesando nuestras ciudades: el trabajo convertido en encargo, el salario disfrazado de autonomía y la vida de quienes reparten comida, paquetes o servicios mientras otros convierten esa urgencia cotidiana en negocio.
No se trata solo de Glovo. Se trata de un modelo económico que presenta la explotación como flexibilidad y la falta de derechos como libertad individual. Cuando el trabajador queda reducido a una cuenta, una ruta y una puntuación, el conflicto social desaparece de la pantalla, pero no de la calle.
Por eso conviene releer esta entrada como una denuncia de la precariedad contemporánea. Detrás de cada entrega rápida hay una pregunta lenta y profunda: cuánto vale una vida cuando el mercado decide que todo debe llegar en minutos.
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| Pujan Korala, el joven muerto mientras hacía un reparto de 5 euros |

