ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026
Este texto fue escrito en torno a una canción de Siniestro Total que convertía la provocación, el humor negro y la memoria antifranquista en una forma de ajuste simbólico con el pasado. Más allá de la canción concreta, la entrada hablaba de algo más profundo: la dificultad de una sociedad para cerrar dignamente una historia cuando los verdugos han tenido demasiadas veces mejor sepultura pública que sus víctimas.
Leído hoy, el texto conserva su sentido porque la memoria democrática no se resuelve solo cambiando nombres, trasladando restos o aprobando leyes. También exige disputar los símbolos, las canciones, los relatos y los silencios que durante décadas presentaron el franquismo como una herencia incómoda pero tolerable.
La irreverencia puede ser una forma de justicia poética cuando la solemnidad oficial ha servido para ocultar el dolor de los vencidos. Reírse del poder muerto no borra los crímenes, pero rompe el respeto impuesto hacia quienes nunca respetaron la vida, la libertad ni la dignidad de sus enemigos.
Por eso conviene releer esta entrada como una pieza de memoria antifranquista y cultura popular. A veces una canción dice con más claridad que un discurso que no puede haber reconciliación verdadera mientras la injusticia siga enterrada con honores.
El artista gallego Enrique Tenreiro pintó ayer miércoles, 31 de octubre, una paloma de la paz y la frase 'Por la libertad' en la lápida de la tumba de Francisco Franco en el Valle de los Caídos.
Según ha informado Patrimonio Nacional a Europa Press, los hechos se produjeron a las 10.50 horas y Enrique Tenreiro "había introducido la pintura en la Basílica en un recipiente de plástico, que no puede detectarse por los sistemas de seguridad existentes".
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| Enrique Tenreiro y su pintada en la lápida de Franco |
Esta acción del artista ha tenido distintos defensores y detractores.