lunes, 20 de abril de 2020

El despacho de Abascal

Hay despachos que parecen lugares de trabajo y despachos que parecen escaparates ideológicos. El de Abascal pertenece claramente al segundo grupo: una acumulación de símbolos, banderas, gestos patrióticos y guiños españolistas que intenta transmitir autoridad, pero acaba mostrando una pobreza política bastante reveladora.

La ultraderecha habla de España como quien llena una habitación de estampitas para no tener que hablar de vivienda, salarios, cuidados, desigualdad, memoria democrática o derechos sociales. Cuando todo el discurso cabe en una bandera, un mapa, un lema y una pose de orden, la política se convierte en decoración nacionalista.

Lo ridículo no está solo en la estética recargada, sino en lo que revela: una visión de España convertida en fetiche, repetida hasta el cansancio porque no hay casi nada más que ofrecer. Mucho símbolo, mucha patria, mucha testosterona de despacho; poca vida real.

Abascal, el líder del partido de la ultraderecha españolista VOX, divulgó recientemente una foto de su despacho.
En él, aparece sentado, sin hacer nada. Haciendo ver que trabaja.
Es un resumen completo de toda su vida laboral.
Abascal siempre ha estado viviendo del cuento, en chiringuitos creados expresamente para él.
Cobrando del dinero que pagamos todos los ciudadanos.
La foto de su despacho se divulgó cuando todo el mundo estaba confinado en su casa por el coronavirus y sólo se permitían trabajos esenciales.
Por tanto, el trabajo esencial de Abascal consiste en no hacer nada en su despacho.
En internet se han hecho numerosos montajes cachondeándose de su despacho


El despacho de Abascal. Propuesta de decoración franquista


domingo, 15 de diciembre de 2019

Arde Chile

ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito al calor del estallido social chileno de 2019. Lo que empezó con una protesta contra la subida del metro expresó algo mucho más profundo: el cansancio de una sociedad golpeada por la desigualdad, la precariedad y la conversión de derechos básicos en negocio.

Los años posteriores no cerraron aquella herida. El proceso constitucional que nació de la revuelta abrió una posibilidad histórica, pero no consiguió transformar la indignación social en un nuevo pacto colectivo. Chile rechazó primero una propuesta constitucional de orientación progresista y después otra de signo conservador. La vieja fractura siguió abierta.

Por eso conviene releer hoy este texto sin reducirlo a una noticia antigua. “Arde Chile” no habla solo de Chile. Habla de lo que ocurre cuando una sociedad aguanta demasiado tiempo una vida organizada contra la mayoría. Habla de rabia, de dignidad, de calle y de la dificultad de convertir una revuelta justa en cambios duraderos.

Cinco años después, la pregunta sigue en pie: ¿cómo transformar la indignación popular en derechos reales, memoria de los reprimidos y poder democrático desde abajo?


Chile lleva varias semanas manifestándose contra la extrema desigualdad creada por el sistema neoliberal impuesto por la dictadura del general Pinochet y continuada por sus sucesores.

Lo que empezó siendo una revuelta de estudiantes de secundaria, negándose a pagar el aumento del billete del metro, ha acabado por convertirse en una manifestación sin precedentes que ha paralizado a todo el país.
La fuerte represión policial y militar ejercida indiscriminadamente contra los manifestantes fue denunciada ayer por la ONU, en su informe sobre la conculcación de los derechos humanos en Chile.

domingo, 20 de octubre de 2019

Barcelona, la “Rosa de Foc”

ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito en octubre de 2019, en una Barcelona sacudida por protestas, tensión política y una memoria rebelde que volvía a ocupar las calles. El título recuperaba una vieja imagen de la ciudad: Barcelona como “Rosa de Foc”, una ciudad atravesada por revueltas, organización popular, represión y deseo de libertad.

Leído hoy, el texto no debe entenderse solo como una reacción a un momento concreto. Habla de algo más amplio: de cómo las ciudades guardan memoria, de cómo el poder intenta reducir la protesta a desorden, y de cómo la calle puede volver a ser un espacio de dignidad colectiva cuando las instituciones cierran caminos.

La Barcelona rebelde no pertenece solo al pasado. Está hecha de huelgas, barricadas, ateneos, barrios, fábricas, plazas, canciones, derrotas y esperanzas. Cada generación la nombra de una manera distinta, pero la pregunta de fondo permanece: quién manda en la ciudad y quién tiene derecho a imaginarla de nuevo.

Por eso conviene releer hoy esta entrada como una pieza de memoria política, no como una simple crónica de actualidad. Barcelona vuelve una y otra vez porque en ella se cruzan conflicto social, identidad popular, represión y deseo de cambiarlo todo desde abajo.


Rosa de Foc (Rosa de Fuego) fue el sobrenombre que se le dio a Barcelona en las primeras décadas del siglo XX.

Friederich Engels ya dijo, en su día, que Barcelona era la ciudad con más barricadas por metro cuadrado.

Si con todo lo que has conocido esta semana todavía no has tomado partido sobre lo que pasa en Cataluña, es que ya has tomado partido. El partido de la represión.

Antes de condenar la violencia directa de estas noches en Barcelona, hay que condenar la violencia estructural y la violencia cultural que la originan. Estas otras dos violencias son las únicas responsables de que esa violencia directa exista.

Barcelona. La Rosa de Foc. 2019.10.15

lunes, 7 de octubre de 2019

¿Qué es la desobediencia civil?

La desobediencia civil aparece cuando la obediencia deja de ser una virtud y se convierte en complicidad. No nace del capricho ni de la rabia individual, sino de una decisión consciente: enfrentarse públicamente a una ley, una orden o una institución cuando sostienen una injusticia.

No toda protesta es desobediencia civil. Para serlo necesita responsabilidad, claridad ética, dimensión colectiva y voluntad de asumir las consecuencias. Su fuerza no está solo en desobedecer, sino en mostrar que la legalidad puede quedarse por debajo de la justicia.

Por eso la desobediencia civil permite entender muchas luchas: la defensa de derechos frente a leyes injustas, la memoria antifranquista, el feminismo, el antimilitarismo, la protesta social y las formas de poder construidas desde abajo.

La desobediencia civil consiste en desobedecer leyes injustas.

En la desobediencia civil prima la legitimidad, en lugar de la legalidad.