En la foto, una de las marchas que llenaron Santiago en 2019. Millones de personas salieron a la calle contra la desigualdad que dejó Pinochet. Aquí cuento qué pedían y cómo los reprimieron. Y por qué los jóvenes perdieron el miedo.

Chile lleva semanas en la calle. Protesta contra una desigualdad extrema: la que creó el sistema neoliberal que impuso Pinochet y mantuvieron sus sucesores.
Empezaron estudiantes de secundaria. Se negaron a pagar más por el billete del metro. Hoy la protesta no tiene precedentes y ha paralizado el país entero.
La policía y el ejército reprimen sin distinguir. Lo denunció la ONU el viernes 13 de diciembre.
Todo empezó cuando subió el billete de metro 30 pesos, unos 4 céntimos de euro. Los estudiantes de secundaria pidieron a la gente que no pagara: «¡Evadir, no pagar, otra forma de luchar!».
El gobierno envió a la policía. Y la protesta se convirtió en una revuelta social que paralizó el país.
Después el gobierno decretó el estado de emergencia. Sacó el ejército a la calle e impuso el toque de queda.
Según el informe de la ONU del 13 de diciembre: 26 muertos, 4.903 heridos, más de 200 con heridas en los ojos o que perdieron uno, 113 casos de tortura y malos tratos, 24 de violencia sexual y más de 28.000 detenidos.
Según distintas fuentes chilenas, estas cifras se quedan cortas. Pero son las que la ONU ha podido documentar.
La ONU habla de unos 350 heridos en los ojos o en la cara. Eso indica, dice, que «se usaron armas de manera inadecuada e indiscriminada». Hubo muchos heridos que no hacían nada violento: gente que pasaba o que protestaba en paz.
La ONU pide «el cese inmediato del uso indiscriminado de escopetas antidisturbios para controlar las manifestaciones». Y «limitar los gases lacrimógenos a situaciones en que sea estrictamente necesario y nunca en establecimientos educativos y de salud».
Amnistía Internacional, Human Rights Watch y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dicen lo mismo.
Las reivindicaciones se han ampliado: vivienda, pensiones, sanidad, educación, peajes, salarios, condiciones laborales, feminismo, cambio climático…
Se trata de responder a todos los problemas del liberalismo depredador que impuso la dictadura de Pinochet y siguieron sus sucesores: mercados sin control, privatizaciones, tratados de libre comercio, precariedad, una sociedad rota, la naturaleza destrozada.
Ayer, 13 de diciembre, se presentó el demoledor informe de la ONU sobre la represión en Chile.— Chesck Boldú (@franboldu) December 14, 2019
26 muertos, 4.903 heridos, más de 200 con traumas oculares y/o pérdida de un ojo, 113 torturas y malos tratos, 24 casos de violencia sexual, más de 28.000 detenidos.
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Pensiones
Hace décadas, Chile cambió las pensiones públicas por un sistema privado. Cada persona paga un 10 % de lo que gana a un plan de pensiones, que se invierte en fondos.
Muchas personas, al jubilarse, pasan directamente a ser pobres. La pensión se cobra hasta que se acaba el fondo que cada uno ahorró. Después queda una ayuda del Estado ínfima, que no da para vivir en un país donde todo es caro.
Lo curioso: el único sector que conserva pensiones públicas es el de las Fuerzas Armadas y los cuerpos de seguridad.

Peajes
La red de trenes se ha desmantelado poco a poco. Se empuja a la gente al coche. Y las carreteras están en manos de empresas privadas que cobran peaje.
El movimiento «No más TAG» no paga los peajes y corta carreteras. Pide una movilidad razonable, sostenible y justa.

Agua
El agua es privada tres veces: las fuentes, el alcantarillado y la depuración. Se paga por las tres. Si no pagas, no hay agua.
Hay graves problemas de agua en muchas zonas. Los movimientos sociales llaman a las megasequías «megasaqueos». La agricultura industrial ha secado lagos y ríos. Las presas quitan el agua a las comunidades y se la dan a las grandes empresas agroexportadoras, mineras o eléctricas.
El movimiento «Mujeres por el Maipo» lucha desde hace más de doce años por salvar este río, que cerca de Buin ya va seco. Hay movimientos contra las presas y el saqueo del agua por todo Chile.

Vivienda
Se empuja a la gente a comprar piso con préstamos fáciles. Santiago está lleno de torres de apartamentos vacíos. Los bancos prestan a personas que apenas pueden devolverlo.
En Ciudad Viva, en el barrio de Bellavista de Santiago, se han unido vecinos, ciclistas y ciudadanos contra la especulación. Han parado varios proyectos en los tribunales.

Macrogranjas y salmoneras
Chile fue pionero en macrogranjas de cerdos. En O’Higgins se instaló una. La montaña de purines fue brutal: un cerro que lo contaminaba todo. Había tantas moscas que hubo que fumigar desde helicópteros. Al final se abandonó.
En Quellón, en Chiloé, se cortan carreteras contra las salmoneras industriales. Han quitado el trabajo a los pescadores artesanales. Contaminan mucho. Los salmones comen harina de pescado y son muy voraces. Y las salmoneras dan poco empleo: están muy automatizadas y las controlan pocas personas, a cientos de kilómetros, desde el móvil.

Salarios y condiciones laborales
Los salarios y las condiciones de trabajo son cada vez más precarios. «Vivimos al día y cualquier alteración descabala nuestras economías».
En las movilizaciones no están los sindicatos. «No están, ni se les espera».
Feminismos
Los feminismos tienen una fuerza enorme. Chicas muy jóvenes, personas trans y el movimiento feminista de siempre son clave en lo que está pasando.
Miles de mujeres se han movilizado contra la violencia machista. Crearon la performance «Un violador en tu camino», que ha saltado de Chile a medio mundo.
La movilización reúne a gente de todas las edades y clases sociales. Pero los protagonistas son los jóvenes de 14 a 20 años. No crecieron en dictadura.
No son «millennials»: son «centennials». Ven un sistema lleno de injusticias y quieren combatirlo.
No tienen miedo a los «pacos», los carabineros. Tienen miedo al futuro. No quieren la vida de sus padres y abuelos.
«Nuestros padres vivieron la dictadura y tienen un gran miedo interiorizado. Nosotros, no. Nos quitaron tanto que nos quitaron el miedo».

Los jóvenes toman las calles porque las urnas no sirven. Están hartos de que los ignoren, los nieguen, los tutelen y los engañen unos políticos sumisos al poder económico de una minoría.
Unos políticos que solo buscan su beneficio y no luchan por mejorar la vida de la gente.

Hay protestas parecidas en otros lugares: Puerto Rico, Hong Kong, Ecuador, Haití, Líbano, Irak…
La gente se levanta indignada contra la desigualdad, la austeridad y la corrupción.
En el mundo globalizado los movimientos se copian: las mismas tácticas, casi los mismos lemas, las mismas marchas, las mismas hogueras, las mismas barricadas. Y la misma represión policial.

Actualización: Chile votó dos Constituciones nuevas, en 2022 y en 2023. Las dos fueron rechazadas. La de Pinochet, reformada, sigue en vigor.
Los datos sobre Chile salen del artículo de Yayo Herrero «Lo hago por mi papá y mi mamá. Por mis abuelos. Por mis ríos y mi tierra», publicado en CTXT.