ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026
Este texto fue escrito a raíz de la aprobación de una enorme partida de gasto militar. Más allá de aquella cifra concreta, la entrada señalaba una cuestión que sigue plenamente abierta: la facilidad con que los Estados encuentran recursos para armas, ejércitos y programas militares mientras tantas necesidades sociales quedan sometidas a recortes, retrasos o excusas presupuestarias.
Leído hoy, el texto no debe entenderse solo como una denuncia contable. Habla de prioridades políticas. Cada euro destinado a preparar la guerra es también una decisión sobre qué vidas se protegen, qué miedos se alimentan y qué modelo de seguridad se impone desde arriba.
La paz no puede reducirse a silencio, obediencia o equilibrio armado. Tampoco puede confundirse con la seguridad de los cuarteles, las fronteras cerradas o los cementerios. Una paz digna exige justicia social, derechos, vivienda, sanidad, educación, cuidados y capacidad real de vivir sin miedo.
Por eso conviene releer esta entrada como una crítica antimilitarista. La pregunta sigue siendo incómoda: cuántas escuelas, hospitales, cuidados y vidas posibles quedan aplazadas cada vez que el poder decide que la seguridad se compra con más armamento.
![]() |
| La industria de la guerra enriquece a los que ya son ricos |
