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miércoles, 24 de abril de 2019

Chesck

Antisemitismo, catalanofobia y catetismo en Coripe

ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito a raíz de la quema de un muñeco de Carles Puigdemont en Coripe, dentro de la tradicional fiesta de la Quema de Judas. El episodio no era solo una anécdota local ni una simple provocación festiva. Mostraba cómo ciertas tradiciones pueden arrastrar símbolos de odio antiguo y actualizarse contra nuevos enemigos políticos.

Leído hoy, el texto conserva su sentido porque habla de la facilidad con que una comunidad puede convertir la burla, la violencia simbólica y el linchamiento ritual en espectáculo aceptable. Cuando se representa públicamente la ejecución de una figura política, el problema no es solo el mal gusto: es la normalización social del odio.

El antisemitismo histórico de la figura de Judas, la catalanofobia y la celebración colectiva del castigo se cruzaban en una misma escena. Por eso no bastaba con decir que era una tradición. Las tradiciones también deben poder mirarse críticamente cuando reproducen exclusión, humillación o violencia contra un grupo señalado.

Por eso conviene releer esta entrada como una reflexión sobre los símbolos públicos del odio. Una democracia no solo se juega en las leyes, sino también en aquello que una sociedad celebra, tolera o convierte en fiesta.


En Coripe, un pueblo de 1300 habitantes de la provincia de Sevilla, en el límite con Cádiz, han escenificado esta Semana Santa la matanza de Judas. Una fiesta considerada de interés turístico.
Cada año el pueblo elige un Judas, la encarnación del mal de ese año. Luego la guardia municipal lo fusila y lo queman en la plaza pública, delante de todo el mundo. El Judas elegido este año fue el expresidente de Cataluña, Carles Puigdemont.

Lo eligió la Asociación de Madres y Padres de Alumnos (AMPA) del Colegio.

Fusilamiento y quema de Carles Puigdemont en Coripe. 2019

domingo, 23 de diciembre de 2018

Chesck

Dos años por grabar en la Cripta de los Caídos de Pamplona

ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito cuando todavía resultaba escandalosamente posible perseguir penalmente a quienes intentaban documentar lo que ocurría en la cripta del Monumento a los Caídos de Pamplona. El caso de Clemente Bernad y Carolina Martínez no hablaba solo de una grabación. Hablaba del choque entre memoria democrática, derecho a informar y persistencia simbólica del franquismo.

Leído hoy, el texto gana otra dimensión. Aquel edificio ya no puede verse solo como un resto incómodo del pasado. Es una pieza activa de la disputa por la memoria: qué se recuerda, qué se oculta, quién tiene derecho a mirar y qué poderes siguen defendiendo espacios de exaltación franquista como si fueran ámbitos privados.

La cuestión de fondo sigue siendo la misma: una democracia no se mide solo por sus leyes, sino por su capacidad para mirar de frente sus zonas oscuras. Cuando investigar, filmar o contar lo que ocurre en un lugar cargado de memoria represiva acaba ante los tribunales, el problema deja de ser una cámara y pasa a ser el miedo a la verdad.

Por eso conviene releer esta entrada como una pieza sobre memoria, censura y franquismo persistente. La cripta no era solo un espacio físico. Era una pregunta política: qué hacemos con los lugares que todavía protegen a los vencedores y siguen negando plena reparación a las víctimas.


Clemente Bernard y Carolina Martínez se enfrentan a dos años de cárcel y a una multa de 12.000 euros por revelación de secretos en la grabación de la película "A sus muertos" en la cripta del Monumento de los Caídos en Pamplona.

Dicho monumento es el segundo monumento franquista más grande de España y tiene en su cripta las tumbas de los generales golpistas Mola y Sanjurjo, que fueron exhumados en 2016.

Monumento a los Caídos en Pamplona

martes, 20 de noviembre de 2018

Chesck

20-N. Aniversario de la muerte de Durruti

El 20 de noviembre no pertenece solo al calendario del franquismo ni a sus nostalgias. También es la fecha de la muerte de Buenaventura Durruti, una de las figuras más intensas del movimiento libertario, de la revolución social y de la lucha antifascista.

Recordar a Durruti no significa convertirlo en estatua ni reducirlo a una imagen heroica. Significa volver a una pregunta incómoda: qué ocurre cuando la lucha contra el fascismo no se separa de la transformación radical de la sociedad, del poder obrero, de la autogestión y de la vida organizada desde abajo.

La memoria libertaria no sirve para venerar el pasado, sino para interrogar el presente. Durruti sigue importando porque encarna una idea difícil y necesaria: que la libertad no se concede desde arriba, se construye colectivamente, incluso en los momentos más oscuros.


Hoy hace 82 años que Buenaventura Durruti murió en el frente de Madrid luchando contra el fascismo.

Durruti, una de las figuras más relevantes del anarquismo español, nació en León en 1896. A los 14 años fue aprendiz de mecánico en el taller de un socialista revolucionario. En 1913 se afilió a la UGT, de la que salió desencantado. En 1920, volvió de Francia a donde había ido para evitar el servicio militar obligatorio, y se afilió a la CNT.
Buenaventura Durruti. 14 de julio de 1896 - 20 de noviembre de 1936

jueves, 1 de noviembre de 2018

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Bailaré sobre tu tumba - Siniestro Total

ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito en torno a una canción de Siniestro Total que convertía la provocación, el humor negro y la memoria antifranquista en una forma de ajuste simbólico con el pasado. Más allá de la canción concreta, la entrada hablaba de algo más profundo: la dificultad de una sociedad para cerrar dignamente una historia cuando los verdugos han tenido demasiadas veces mejor sepultura pública que sus víctimas.

Leído hoy, el texto conserva su sentido porque la memoria democrática no se resuelve solo cambiando nombres, trasladando restos o aprobando leyes. También exige disputar los símbolos, las canciones, los relatos y los silencios que durante décadas presentaron el franquismo como una herencia incómoda pero tolerable.

La irreverencia puede ser una forma de justicia poética cuando la solemnidad oficial ha servido para ocultar el dolor de los vencidos. Reírse del poder muerto no borra los crímenes, pero rompe el respeto impuesto hacia quienes nunca respetaron la vida, la libertad ni la dignidad de sus enemigos.

Por eso conviene releer esta entrada como una pieza de memoria antifranquista y cultura popular. A veces una canción dice con más claridad que un discurso que no puede haber reconciliación verdadera mientras la injusticia siga enterrada con honores.



El artista gallego Enrique Tenreiro pintó ayer miércoles, 31 de octubre, una paloma de la paz y la frase 'Por la libertad' en la lápida de la tumba de Francisco Franco en el Valle de los Caídos.

Según ha informado Patrimonio Nacional a Europa Press, los hechos se produjeron a las 10.50 horas y Enrique Tenreiro "había introducido la pintura en la Basílica en un recipiente de plástico, que no puede detectarse por los sistemas de seguridad existentes".
Enrique Tenreiro y su pintada en la lápida de Franco
Esta acción del artista ha tenido distintos defensores y detractores.

sábado, 31 de marzo de 2018

Chesck

¡No al nacional-catolicismo español!


La presencia de ministros y militares en los actos, la bandera a media asta por Cristo y los indultos de Semana Santa a petición de las cofradías muestran el peso del nacional-catolicismo español frente a la supuesta aconfesionalidad del Estado.
La Constitución establece que España es un Estado aconfesional, pero la llegada de la Semana Santa siempre termina por hacer saltar por los aires ese principio. Basta con remitirse a los hechos: durante esta semana de pasión, militares de los tres ejércitos participarán en más de 200 actos institucionales, religiosos y culturales que se celebran a lo largo y ancho del país, según ha informado el Ministerio de Defensa.

La ministra de Defensa presidiendo los actos religiosos