ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026
Este texto fue escrito a raíz de la quema de un muñeco de Carles Puigdemont en Coripe, dentro de la tradicional fiesta de la Quema de Judas. El episodio no era solo una anécdota local ni una simple provocación festiva. Mostraba cómo ciertas tradiciones pueden arrastrar símbolos de odio antiguo y actualizarse contra nuevos enemigos políticos.
Leído hoy, el texto conserva su sentido porque habla de la facilidad con que una comunidad puede convertir la burla, la violencia simbólica y el linchamiento ritual en espectáculo aceptable. Cuando se representa públicamente la ejecución de una figura política, el problema no es solo el mal gusto: es la normalización social del odio.
El antisemitismo histórico de la figura de Judas, la catalanofobia y la celebración colectiva del castigo se cruzaban en una misma escena. Por eso no bastaba con decir que era una tradición. Las tradiciones también deben poder mirarse críticamente cuando reproducen exclusión, humillación o violencia contra un grupo señalado.
Por eso conviene releer esta entrada como una reflexión sobre los símbolos públicos del odio. Una democracia no solo se juega en las leyes, sino también en aquello que una sociedad celebra, tolera o convierte en fiesta.
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| Fusilamiento y quema de Carles Puigdemont en Coripe. 2019 |
