Las escuelas no deberían existir. Toda la vida deberíamos aprender y trabajar, cada cual según sus capacidades. En lugar de eso, a los niños se les aparca en las escuelas mientras los adultos trabajan. Allí se les adoctrina y se les selecciona para un trabajo u otro. Lo publiqué en 1978. Y lo sigo pensando.

Publiqué «¡Abajo la escuela!» en Ajoblanco 35, en julio de 1978 (páginas 44 a 46), con tres ilustraciones de Josep Bolinaga. Un año antes, en 1977, Ajoblanco 19 había publicado el dossier «El corsé de la enseñanza» (páginas 21 a 35). Volví a publicar el artículo aquí en 2019, al empezar el curso. Tal vez cambiaría dos o tres palabras. Pero sigo pensando lo mismo. La situación se ha agravado con una justificación seudodemocrática y progresista. Pero en el fondo, no ha cambiado nada.


