sábado, 7 de septiembre de 2019

¡Abajo la escuela!

“Mi abuela quiso que yo tuviera una educación; por eso no me llevó a la escuela” (Margaret Mead).

“Hay quien dice que nuestra crítica a la escuela, a esa institución burguesa especializada en la educastración de los individuos, no llega al fondo de la realidad. Nosotros creemos, por el contrario, que la realidad del fondo es todavía mucho más profunda”.
Actualmente las escuelas, y toda la enseñanza burocrática, siguen cumpliendo una triple función: 1) controlar y habituar a obedecer; 2) adoctrinar en los valores establecidos por quienes tienen el poder; 3) seleccionar socialmente en los futuros trabajos a desempeñar.

En México, un profesor pone cajas en la cabeza a sus alumnos para que no copien



  LA PARKING-SCHOOL 
Uno de los problemas más conflictivos y de más difícil solución con el que se enfrentan nuestras ciudades modernas es el creciente caos circulatorio surgido como consecuencia del rápido avance del desarrollo industrial y de la simultánea asunción de la moral consumista burguesa por capas cada vez más amplias de la población.
A consecuencia de ello, las calles de nuestras grandes ciudades se están convirtiendo en reductos auténticamente intransitables: atascos. embotellamientos. inexistencia de aparcamientos, huelgas de gasolineras... toda una multitud de elementos que tienden a aumentar nuestros sentimientos de angustia, complicarnos innecesariamente la vida y robarnos las escasas parcelas de libertad de las que todavía disfrutamos.
El automóvil, creado inicialmente para contribuir a nuestra liberación, se convierte de ese modo en un auténtico engorro, en una molestia inquietante: y ello tanto para quienes carecemos de él. como para quienes van con él a todas partes.
Con nuestros niños y ancianos sucede prácticamente lo mismo: nos quitan tiempo, precisan cuidados especiales, molestan, incordian, entorpecen nuestro trabajo, no sabemos nunca dónde aparcarlos; son, en definitiva, un auténtico estorbo.
Y es para paliar todos estos problemas que la burguesía, principal responsable de la creciente deshumanización de nuestras actuales ciudades, cree haber hallado la solución amontonando los coches, los niños y los ancianos en habitaciones cerradas. De ese modo los parkings. las escuelas y los asilos —instituciones prácticamente desconocidas hasta hace pocos años— permiten que los adultos puedan continuar trabajando, produciendo y consumiendo sin tener ningún otro tipo de preocupaciones.
Las escuelas son, pues, un inmenso aparcamiento de niños, una institución carcelaria especializada en la custodia de los niños, cuya función sigue la misma trayectoria que la de las restantes instituciones: las cárceles custodian los presos, los manicomios los locos, los asilos los viejos, los ejércitos los pueblos, etc.
Desde pequeños se enseña a los niños a estar controlados en todo momento
Los Parkings-School custodian, pues, a los escolares. Por esto a la mayoría de los padres les trae sin cuidado lo que sus hijos hagan o dejen de hacer en las escuelas; su única preocupación, es que las escuelas les guarden los hijos mientras ellos trabajan. La «escuela-aparcamiento”, la Parking-School.

  ¡VALE YA, TÍOS!
  ¡NO NOS COMÁIS EL COCO!
Pero la Parking-School no se limita únicamente a custodiar los niños; la Parking-School, además, los pone a punto y los adoctrina para que cuando salgan a la circulación se encuentren plenamente adaptados a las normas establecidas por la actual sociedad autoritaria.
La Escuela custodia los niños para adoctrinarlos, para que interioricen el látigo y para que su manejo por la autoridad resulte casi superfluo. La Escuela enseña a los niños a comportarse tal como lo ha programado el sistema y, ¡el colmo del cinismo!, haciendo que ello parezca natural, libre, espontáneo.
A la Escuela le corresponde, pues, la realización de una nefasta labor ideológica. Evidentemente que los contenidos concretos destilados por la Escuela son inequívocamente ideológicos (sólo nos enseña aquello que le interesa al sistema), pero lo más ideológico de todo el proceso de escolarización es la institución escolar en sí misma: la escuela hace que cada individuo interiorice las normas, los roles y los valores institucionales establecidos por las clases dominantes, que aprenda que la vida exige levantarse a una hora determinada y, le guste o no, salir hacia un lugar previamente fijado, en el que deberá realizar un tipo de trabajo preestablecido, competir con los demás. obedecer a quien manda, dejar de ser un individuo para convertirse en alumno y luego en un ciudadano y un trabajador, amoldarse a unas normas concretas de comportamiento y saber que siempre hay reglas que definen lo que uno puede o no debe hacer cuando se es alumno, padre, trabajador, etc.
La escuela adoctrina en las creencias, valores, actitudes y comportamientos establecidos por el poder


  LA SALIDA A LA CIRCULACIÓN  
De ese modo el niño, después de ser custodiado y adoctrinado en las escuelas, durante años y años, llega a estar en condiciones de salir a la calle sin poner en peligro el actual sistema de circulación, ya que a través de la Escuela el niño ha superado todas las cadenas de montaje y ha interiorizado del todo la ideología dominante. Es entonces cuando la Escuela remata su función represiva seleccionando socialmente a los distintos individuos.
La Escuela concluye pues su función, encasillando a los individuos en los distintos lugares que habrán de ocupar en la sociedad y determinando su futuro estatus económico en relación con la cantidad de estudios consumidos. Y esta tercera, y última función, que constituye el objetivo final especifico de toda Escuela, se realiza indefectiblemente, tanto en los Estados capitalistas como en los Estados que, paradójicamente, se autodenominan comunistas: en cualquier parte del mundo la Escuela selecciona socialmente a los individuos y los acomoda a los distintos empleos, niveles vocacionales, salarios diferenciales y estratos de poder y privilegio.
Y es precisamente por esta razón que muchos obreros aconsejan, ingenuamente, estudiar a sus hijos: ”¡para que, de mayor, no tengas que trabajar como tus padres!”.

La educación acaba encasillando a las personas en el lugar que ocuparán en la sociedad

  ENTERRAR LA ESCUELA
 DESESCOLARIZAR LA INSTRUCCIÓN
La conclusión lógica de todo lo expuesto es, como indican Illich, Reimer. Goodman y tantos otros, que las escuelas -incluyendo las tan mitificadas escuelas racionalistas— son instituciones que han de ser eliminadas a la mayor brevedad. Porque a través de su triple función represiva de custodia, adoctrinamiento y selección social alienan el derecho que todo individuo tiene a la instrucción y a la investigación.
Consecuentemente, la única postura coherente ante la actual educación es, desde una perspectiva Anarquista, luchar por el fin de la escuela. Y ello sin ningún tipo ni de escrúpulos ni de remordimientos, ya que constituye el único camino para restituir a la comunidad la instrucción y la investigación que las actuales escuelas les han secuestrado.

 POR Y HACIA LOS ATENEOS LIBERTARIOS    
Pero limitarse tan sólo a enterrar la Escuela no es suficiente; ello sería negar el segundo factor de la confrontación dialéctica sin haber recuperado el primero.
Es necesario, además, avanzar simultáneamente por los posibles caminos por los que habrá de discurrir la instrucción y la investigación en una sociedad desescolarizada. Esto es Ío que proponen Illich, Reimer y Goodman, pero cuyas alternativas juzgamos insuficientes por caer en el tecnocratismo o en el visionarismo. Nosotros, por el contrario, expusimos en El Corsé de la Enseñanza (Ajoblanco 19) toda una serie de reflexiones que consideramos fundamentales para avanzar en este proceso de desescolarización;
  1. La creación de Ateneos Libertarios, cuya acción discurra totalmente al margen de la actual estructura escolar.
  2. El sabotaje de las funciones represivas de las actuales escuelas, hasta conseguir, mediante la acción directa, su transformación cualitativa en Ateneos Libertarios.

Es en esta perspectiva, que creemos que han de enmarcarse todas las iniciativas Anarquistas en torno a la educación; si es que queremos evitar ser engullidos por el sistema.

Ampliando estos planteamientos, creemos necesario sintetizar aquellas reflexiones a las que hemos llegado tras duros años de peregrinar desde las sendas más autoritarias de la escolarización. Por esto juzgamos que toda lucha Anarquista en el campo educativo habría de pasar por:
  1. Impulsar todo tipo de acciones encaminadas a la destrucción de todo tipo de poder, tanto en  lo que hace referencia a la educación, como a los restantes ámbitos de la vida social: la autogestión, en cualquiera de los muchos aspectos de la vida, no se preocupa por la persona que detenta el poder (no se entretiene discutiendo si éste es legítimo o no), sino que pretende acabar con la alienación que implica la existencia misma del poder.
  2. Avanzar hacia la supresión del Ministerio de Educación y Ciencia (así como del gobierno y del Estado) en cuanto es el principal organismo de poder que aliena la instrucción y la investigación: de ese modo los actuales centros educativos pasarían a gozar de total y absoluta autonomía y reorganización de todo el proceso de aprendizaje en función de los intereses propios de los respectivos individuos, barrios y localidades.
  3. Impulsar la organización federal de los distintos Centros o Ateneos: porque ni la autonomía significa amorfía o desorganización, ni la autogestión es una auto-ingestión, un self-service  individualista en el que, como muy bien critica Carlos Diaz (Manifiesto Libertario de la enseñanza),  cada cual elegiría los platos que quiere comer sin preocuparse de los individuos que tiene a su alrededor. Si no se quiere caer en el autoritarismo es absolutamente imprescindible la existencia de una organización; y, por supuesto, de una organización sin autoridad, libertaria.
  4. Negar cualquier tipo de jerarquías dentro de los centros, tanto “corporativas” como estamentales): en un Ateneo Libertario no es posible la existencia de catedráticos y agregados; ni tan sólo la de individuos cuya única función sea ser profesores o ser alumnos; en un Ateneo Libertario. por el contrario, todo individuo enseña lo que sabe y aprende de los demás aquello que le interesa.
  5. Potenciar la creación de Ateneos Libertarios que respondan a todos los criterios anteriormente expuestos: de ese modo los Ateneos, al basarse en los tres principios fundamentales -de una Organización sin autoridad, de un aprendizaje libertario y de un aprendizaje incidental-, constituirán una superación dialéctica; una negación de la escuela y, simultáneamente, una afirmación del derecho que todo individuo tiene a la instrucción y a la investigación, derechos actualmente alienados en las actuales escuelas. Y —¡a propósito!— ¿por qué los Ateneos Libertarios actualmente existentes no se preocupan por elaborar un proyecto educativo valido para todo el barrio, que haga innecesaria la existencia de las actuales escuelas. En lugar de limitarse a organizar tres o cuatro conferencias de vez en cuando?
  6. Impulsar el sabotaje de Ia función represiva de las escuelas a fin de que éstas puedan dar el salto “cualitativo” que las convierta en Ateneos Libertarios: o, en otras palabras, desde dentro mismo de las escuelas; no participando de su función represiva (como hicieron los ministros de la CNT-FAI en el 36), sino saboteando ésta en todos los terrenos.
  7. Defender en la lucha misma por la realización de todas estas acciones, la autogestión misma de la lucha: porque sería una contradicción pretender luchar contra una estructura autoritaria utilizando, para ello, métodos autoritarios: la lucha por la Autogestión, está indisolublemente unida a la Autogestión de la lucha.


Publiqué este artículo en la revista AJOBLANCO, en su primera etapa. El dibujante Bolinaga hizo las tres ilustraciones. Estos días, que empieza el curso escolar, tal vez cambiaría dos o tres términos. Pero sigo pensando lo mismo. La situación actual se ha agravado con un intento de justificación pseudo-democrático progresista. Pero en el fondo, nada ha cambiado.

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