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domingo, 6 de octubre de 2019

Nuevo juicio sobre el “Coño Insumiso”

ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito durante el proceso judicial abierto contra varias mujeres por la llamada procesión del “Coño Insumiso”. Aquel caso no trataba solo de una performance irreverente. Trataba de los límites de la libertad de expresión, del uso político de la religión y de la persecución de formas feministas de protesta.

Leído hoy, el episodio conserva todo su sentido. Las acusadas fueron absueltas porque su acción no buscaba incitar al odio ni atacar a personas creyentes, sino expresar una crítica social, laboral y feminista en el espacio público. La diferencia es importante: una cosa es que una protesta moleste, y otra muy distinta que deba convertirse en delito.

El fondo del conflicto sigue abierto. Cada vez que una imagen, una pancarta, una canción o una acción simbólica son llevadas ante los tribunales por ofender a los poderosos, la pregunta vuelve a aparecer: quién decide qué puede decirse, qué puede representarse y qué cuerpos tienen derecho a ocupar la calle.

Por eso conviene releer esta entrada como una defensa de la libertad de expresión feminista y anticlerical. No se trataba solo de una procesión paródica. Se trataba de disputar el poder simbólico de quienes durante demasiado tiempo han querido decidir sobre los cuerpos, la moral y la voz de las mujeres.


Este jueves, 3 de octubre, quedó visto para sentencia el juicio contra tres mujeres por la llamada procesión de la “Anarco-cofradía del Santísimo Coño Insumiso” y del “Santo entierro de los derechos sociolaborales” que recorrió el centro de Sevilla el 1 de mayo de 2.014.
A las puertas del juzgado se concentraron algunos manifestantes que apoyaban a los denunciantes, la fiscalía y a la Asociación de Abogados Españoles Cristianos (AEAC).


Mucho más numerosa fue la concentración de diversos colectivos feministas, que apoyaban a las mujeres acusadas.


domingo, 28 de abril de 2019

Paremos a la ultraderecha

ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito en un contexto electoral concreto, pero la cuestión que planteaba no ha envejecido. La ultraderecha no es solo un partido, una campaña o una reacción momentánea. Es una forma de organizar el miedo, señalar enemigos internos y convertir la desigualdad, el machismo, el racismo o el autoritarismo en sentido común.

Leído hoy, conviene separar lo coyuntural de lo importante. El problema no era únicamente una candidatura concreta, sino el avance de discursos que presentan la libertad como privilegio de unos pocos y la seguridad como excusa para recortar derechos a muchos.

Parar a la ultraderecha no puede reducirse a votar cada cierto tiempo. También exige memoria histórica, organización social, cultura democrática, feminismo, antirracismo, defensa de los servicios públicos y una política capaz de dar respuestas reales a quienes viven con miedo, precariedad o abandono.

Por eso conviene releer esta entrada como una advertencia democrática. La ultraderecha crece cuando una sociedad olvida su historia, se acostumbra a la desigualdad y acepta que la rabia de los de abajo sea dirigida contra otros de abajo.


Desde que VOX está imponiendo sus tesis a PP y Ciudadanos, la ultraderecha es un monstruo de tres cabezas. Un monstruo, uno y trino, que defiende una España franquista en blanco y negro.

Una España autoritaria, centralista, ultraespañolista, con supresión permanente de la autonomía de Cataluña, machista, LGTBIfóbica, racista, islamófoba, con bajadas de impuestos a los ricos y con más recortes del estado de bienestar.

Las tres cabezas del monstruo de la ultraderecha