En la foto, Pujan Koirala, nepalí de 22 años. Murió atropellado por un camión de la basura en Barcelona, en 2019. No fue solo un accidente. Hacía un reparto para Glovo con la cuenta de otro, porque no tenía «papeles». Una doble explotación: la de los falsos autónomos y la de los migrantes «sin papeles».

Pujan Koirala tenía 22 años y era repartidor de Glovo. Murió en Barcelona el sábado 25 de mayo de 2019. Lo atropelló un camión de basura.
Era de Nepal y no tenía permiso de residencia. No podía trabajar, así que repartía con la cuenta de otra persona.
El domingo y el lunes, decenas de repartidores protestaron frente a la sede de Glovo.
Dejaron las bicis en el suelo y quemaron sus mochilas de reparto. Las mochilas se las tienen que pagar ellos.
Los repartidores de Glovo y los de otras empresas parecidas son la versión más extrema de la explotación de los trabajadores. Son el futuro que se nos viene encima.
Estos repartidores trabajan como falsos autónomos y no como asalariados.

Ganan unos 3 euros limpios por pedido. Antes pagan la Seguridad Social, el seguro privado que les obligan a tener, el móvil y el transporte.
Se apuntan a las horas de reparto con una app. Los pedidos los reparte el algoritmo, según la nota que les ponen los clientes.
Suelen ir en bici, aunque pueden ir en moto o a pie. Es un trabajo muy peligroso: el algoritmo premia la rapidez.

La Inspección de Trabajo falló contra Glovo y Deliveroo en Barcelona, Madrid, Valencia y Zaragoza: dijo que son asalariados. Just Eat es la única empresa que los reconoce como asalariados.
El último eslabón de la precariedad es el del joven nepalí: repartía con la cuenta de otro, sin ninguna protección.
Es una de las pocas opciones de los migrantes sin permiso de residencia. Hay amigos que les prestan la cuenta gratis. Otros se la prestan a cambio de una parte de cada pedido.
No están dados de alta en la Seguridad Social, así que no tienen ninguna protección. Tampoco les cubren los seguros privados de las empresas.
En las concentraciones se denunció esta doble explotación al grito de «nativa o extranjera, la misma clase obrera».

En 2020 el Tribunal Supremo dijo que los repartidores de Glovo son asalariados. En 2021 llegó la «ley rider». Glovo tardó cuatro años en hacer caso.