ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026
Este texto fue escrito antes de que España reconociera legalmente la prestación de ayuda para morir. Desde entonces, la Ley Orgánica 3/2021 ha convertido la eutanasia en un derecho regulado, con garantías, requisitos y control público. Lo que antes era una reivindicación social y ética pasó a formar parte del marco legal.
Pero el fondo de la cuestión sigue siendo el mismo. Morir dignamente no significa despreciar la vida. Significa no convertir el sufrimiento irreversible en una condena impuesta por otros. Significa reconocer que la libertad también alcanza al último tramo de la existencia.
La muerte digna no puede quedar atrapada entre dogmas religiosos, cálculos políticos o miedos institucionales. Debe situarse donde realmente pertenece: en la autonomía de la persona, en la compasión, en los cuidados, en la responsabilidad médica y en el derecho a no ser obligado a prolongar una agonía sin sentido.
Por eso conviene releer hoy esta entrada como una defensa de la libertad más íntima. La pregunta no es solo cómo queremos vivir. También es quién tiene derecho a decidir cómo despedirse cuando la vida ya solo se ha convertido en dolor.
Cuando tenía 32 años, a María José le diagnosticaron esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa que no tiene cura.
Empezó a perder autonomía hasta convertirse en un objeto, movido de la cama al sofá. Tenía una discapacidad del 82% y necesitaba a su marido para todo.
El último año fue terrible. La morfina no le hacía efecto y el dolor era insufrible. Sólo la muerte podía poner fin a tanto sufrimiento.
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| Ángel y María José |
Durante tres décadas, María José pidió morir muchas veces. En octubre dio diversas entrevistas pidiendo la despenalización del suicidio asistido: me gustaría que me ayudaran a morir. Quiero el final cuanto antes.
El miércoles, Ángel, su marido, la ayudó. Le dio a beber Pentobarbital Sódico, la sustancia utilizada en Suiza o Bélgica, donde la eutanasia es legal. Luego le cogió la mano para ayudarla a morir en paz. A continuación, avisó a los servicios sanitarios y les contó lo que había hecho.
María José reivindicaba que los cuidados para reducir el dolor debían coexistir con la eutanasia: un derecho de toda persona con una enfermedad irreversible y con una vida de dependencia y sufrimiento que no desea.
Ángel, el primer detenido en España por un suicidio asistido, pasó la noche en el calabozo. El Código Penal castiga entre dos y diez años a quien coopere al suicidio de una persona, pero rebaja la pena inferior, si hay petición expresa de la víctima y ésta padece una enfermedad grave.
En España, la Ley 24/2002 regula la autonomía del paciente y las Comunidades Autónomas tienen normativas sobre voluntad vital anticipada o testamento vital.
Es un acto administrativo que recoge los deseos del paciente a tener en cuenta cuando ya no pueda expresarse: eliminar el encarnizamiento terapéutico; la respiración artificial; la alimentación mediante tubo; etc. Es un paso previo a la eutanasia.
Según una encuesta de Metroscopia de marzo de 2017, el 84% de los españoles está de acuerdo en que los médicos suministren alguna sustancia que ponga fin a la vida de los enfermos incurables que lo soliciten.
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| Concentración pidiendo que la fiscalía no presente cargos contra Ángel |
La pasada semana Pedro Sánchez prometió que, si vuelve a gobernar, regulará la eutanasia para que la muerte sea tan digna como la vida.
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