ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026
Este texto fue escrito a partir del mensaje de Nochebuena de Felipe VI. Más allá de aquel discurso concreto, la entrada señalaba una cuestión de fondo: el papel de la monarquía como institución heredada, no elegida, situada en el centro simbólico del Estado.
Leído hoy, el texto no debe entenderse solo como una reacción a un mensaje navideño. Habla de la dificultad de llamar democracia plena a un sistema que conserva en su cúspide una jefatura del Estado transmitida por nacimiento, blindada por la tradición y presentada como neutral incluso cuando interviene en momentos de fuerte conflicto político.
La cuestión republicana no es solo una preferencia estética entre corona o bandera tricolor. Es una pregunta sobre igualdad, responsabilidad pública y soberanía popular: si todos los cargos del Estado deben poder ser elegidos, discutidos y sustituidos por la ciudadanía.
Por eso conviene releer esta entrada como una crítica democrática a la monarquía. No por nostalgia retórica, sino porque ninguna institución hereditaria debería quedar fuera del examen público en una sociedad que aspire a decidirlo todo desde abajo.
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| El cuento de la Constitución |
Felipe VI:
- Habla de democracia. Alguien a quien nadie ha votado, amigo de la familia real saudí.
- Habla de igualdad ante la ley. Alguien aforado, como su padre.
- Habla de convivencia. Alguien con un padre putero, una madre cornuda, un cuñado preso y otro farlopero medio pirado.
- Habla de transparencia. Alguien cuyo patrimonio personal y familiar no puede ser investigado.
- Habla de lucha contra la corrupción. Alguien con un cuñado preso y con un padre de fortuna dudosa.
- Habla de derechos de las mujeres. Alguien que es rey por ser varón, frente a sus dos hermanas.
- Habla de formación para el trabajo. Alguien que es jefe de estado por herencia, con una hermana florero en La Caixa y con un sobrino, Froilán, que en dos años pasó de repetir la ESO por tercera vez a entrar directamente en la universidad.
- Habla de proyecto de vida de los jóvenes. Alguien cuya familia tiene la vida solucionada y está siempre rodeado de la casta que impide a los jóvenes labrarse su futuro.
Como hace décadas decía Bob Dylan Los tiempos están cambiando. Las nuevas generaciones se rebelan ante una monarquía y una constitución, votada hace 40 años bajo “ruido de sables”, que ni los menores de 62 años pudieron votar. Una constitución de muertos y jubilados.
Para que haya una auténtica transición es preciso terminar con la monarquía que la sostiene y abrir nuevos procesos constituyentes que recojan las inquietudes de la sociedad actual. Lejos de los condicionantes franquistas de hace cuarenta años.
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| Para una auténtica Transición hay que acabar con la monarquía |


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