sábado, 29 de diciembre de 2018

Las Saturnales romanas origen de las fiestas navideñas

ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito para recordar que muchas celebraciones actuales no nacieron de una sola tradición pura, sino de capas sucesivas de ritos, apropiaciones, mezclas culturales y resignificaciones históricas. Las fiestas navideñas no pueden entenderse solo desde el cristianismo: también arrastran huellas de celebraciones anteriores vinculadas al invierno, al ciclo solar, al banquete, al descanso y a la inversión temporal del orden cotidiano.

Leído hoy, el interés de esta entrada no está en negar el sentido religioso que muchas personas dan a la Navidad, sino en mostrar que ninguna tradición cae del cielo ya terminada. Todas se construyen, se transforman y se disputan. Lo que una época presenta como sagrado, otra lo mezcló antes con fiesta popular, calendario agrícola, poder político o necesidad comunitaria.

Las Saturnales romanas permiten mirar la Navidad desde otro ángulo: como una fiesta atravesada por comida, regalos, suspensión parcial de jerarquías, exceso controlado y deseo de luz en medio del invierno. Esa mirada no empobrece la celebración. Al contrario, la vuelve más humana, más histórica y menos sometida a una única lectura oficial.

Por eso conviene releer esta entrada como una invitación a mirar las fiestas con espíritu crítico y curioso. También la Navidad, como toda tradición viva, habla de quién manda sobre los símbolos, quién los hereda y quién tiene derecho a celebrarlos de otra manera.



Las fiestas navideñas no tienen origen cristiano. Su origen son las saturnales romanas en honor a Saturno, dios de la agricultura, que se celebraban del 17 al 23 de diciembre. 

El 25 de diciembre celebraban el nacimiento del dios Sol, el Sol Invictus, cuando el solsticio de invierno hace que los días sean más largos.



El papa Juan Pablo II, con toda su jeta, consideró “lógico y natural sustituir esa fiesta con la celebración del único y verdadero sol, Jesucristo” (1993). Y el papa Benedicto XVI dijo que “la navidad asumió una forma definida en el siglo IV, cuando tomó el lugar de la fiesta romana del Sol Invictus (2009).

El Sol Invictus

Durante las saturnales, los romanos decoraban las casas con plantas y encendían velas. Las fiestas empezaban con un sacrificio en el templo de Saturno, al pie de la colina del Capitolio, en Roma. Le seguía un gran banquete público y, a continuación, empezaba un ambiente de absoluto desmadre y libertinaje.

El desmadre de las fiestas saturnales

Se cerraban las escuelas, el senado y los tribunales. No se permitía la guerra. Los amos servían la mesa a sus siervos, que podían emborracharse e injuriar a sus amos y que recibían, además, una generosa paga extra en moneda o vino. Se hacía cachondeo, mofa y caricatura de leyes y cargos públicos. Se aplazaba la ejecución de condenados a muerte. Se suspendía el comercio. Se permitían todo tipo de apuestas y juegos de azar. Se regalaban saquitos de nueces, velas o pequeños muñecos de arcilla, y todo el mundo podía ser víctima de algún regalo bromista.

Del 22 al 25 de diciembre celebraban el nacimiento del Sol Invictus, cuando el solsticio de invierno hace que, con la entrada del sol en capricornio, los días sean cada vez más largos.
El cristianismo cogió la palabra latina nativitas (navidad), que significa nacimiento y sustituyó el nacimiento del sol por el del nacimiento de Jesús, una fiesta que no se celebraba en los primeros siglos del cristianismo.
La palabra christmas, del inglés antiguo cristes maesse, la misa de cristo, evolucionó a christ's mass para quedar en christmas. Se utilizó por primera vez en 1038.


Puestos a celebrar, yo me apunto al desmadre de las saturnales. Y a ser posible todo el año. Unas saturnales permanentes.



Para terminar aquí tenéis unos villancicos políticos irreverentes. El primero es una adaptación del tradicional anuncio Las muñecas con farlopa, se dirigen al portal" (dedicado a Ciudadanos), al que siguen Arre, arre, arre, bandera aguileña (dedicado a los fachas en general), Pero mira como vienen, con la ley que les da brío (dedicado a los piolines que apalizaron a la gente que fue a votar el 1 de octubre de 2017 en Cataluña) y el último, Feliz Hispanidad, feliz Hispanidad, que es como un ano en su totalidad (dedicado al mensaje de Felipe VI en nochebuena).

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