En tu clase, en tu barrio y en tu calle conviven personas de culturas, lenguas y religiones muy distintas. ¿Cómo se vive con esa diversidad? Hay tres maneras. Dos son un error.
Hoy conviven en los mismos lugares culturas, lenguas, religiones, costumbres y tradiciones diferentes. Y esa convivencia nos afecta a todas las personas: a las de aquí y a las que han llegado de fuera.
Hay tres formas principales de tratar la diversidad cultural: la asimilación, la multiculturalidad segregada y la interculturalidad.
La asimilación
Es la primera forma equivocada. Impone una sola cultura y anula todas las demás. Es la base del nacionalismo étnico, del racismo y de la xenofobia.
Un ejemplo: en 2012, el ministro de Educación José Ignacio Wert dijo que había que «españolizar a los alumnos catalanes». Eso es asimilación.
La multiculturalidad segregada
Es la segunda forma equivocada. Dice que hay que conservar todas las culturas, pero separadas. Sin relacionarse. Cada una en su sitio, en su barrio, en su gueto.
La interculturalidad
Es la buena. Las culturas no son algo cerrado. Cambian sin parar y se enriquecen unas con otras, como han hecho siempre a lo largo de la historia. Todas tienen cosas buenas que aportar, y cosas buenas que recibir.
El mundo, Europa, España y Catalunya caminan hacia una sociedad diversa, intercultural, inclusiva y mestiza. Dentro de un Estado laico.
Para no confundir palabras que a menudo se mezclan, lee también «Árabe, musulmán, cristiano, islamista, moro…».