viernes, 4 de septiembre de 2015

Por una red de ciudades-refugio para los exiliados. #CiutatRefugi




La deshumanización de la Europa fortaleza y el nuevo municipalismo ante la crisis de los refugiados (“Eje de Migraciones de Barcelona En Comú”).

En el mundo de hoy, el derecho humano a migrar y a proteger la vida se ha convertido en una estadística que cuenta los muertos por decenas y centenas. Cada día asistimos atónitos ante el número creciente de personas que se dejan la vida intentando atravesar las fronteras de una Europa empeñada en hacerlas impenetrables. Muros cada vez más altos, con alambre de púas y concertinas; flotas marítimas de rápida respuesta ideas por Frontex para evitar que los migrantes lleguen a tierra; agentes de fronteras fríamente entrenados para repeler todo lo que tenga forma humana. La política migratoria actual es la política de sembrar el miedo en el cuerpo del migrante y refugiado; y también en la ciudadanía, generando una barrera sicológica entre un "nosotros" y los "otros". El Derecho a la Vida queda diluido entre argumentos egoístas que no hacen sino confirmar la condición narcisista y prepotente de una Europa Fortaleza que considera a las personas en tanto en cuanto son beneficiosas para nuestro funcionamiento, para nuestro bienestar. Los gobiernos de Europa han decidido construir una Europa Fortaleza y blindarla de cualquier muestra que signifique humanidad, solidaridad o justicia.

El discurso que justifica la barbarie es “en Europa no caben todos”, un discurso que no hace más que reafirmar el egoísmo europeo, porque “a Europa no llegan todos”. De hecho, Estados como el Líbano y Jordania ya han recibido a más de 3 millones de refugiados sirios; y ésta “Europa que no caben todos” se olvida que hace no muchos años la población europea también huyó de la guerra y del hambre hacia un sur  humano y solidario con ellos. Pero además la frase que justifica la barbarie omite intencionadamente que en Europa hay “otros que si caben”. La libertad de circulación de bienes y mercancías, y de capitales es protegida y la llegada de personas que signifiquen dinero ya sea en forma de turistas o de negocios es bienvenida. Los gobiernos europeos diseñan todo tipo de políticas para que el capital global se instale a Europa y en el  mundo “de los otros que si acaben” cualquier restricción es vista como un atentado a la libertad pues las ganancias, éstas si, son globales.

Este mismo discurso confunde intencionalmente un derecho humano a proteger la vida con la falacia del “efecto llamada” hacia Europa. El efecto llamada no existe, entre otras porque el 86% de los refugiados son acogidos por los países del sur y porque la razón por la que huyen no es otra que la guerra instalada en sus países. De hecho, seis de cada diez personas de las que han llegado a Europa por el Mediterráneo en lo que va de 2015 vienen de países en los que las violaciones de derechos humanos son constantes. Las políticas europeas no crean un efecto llamada, por el contrario ha sido la política exterior, militar, comercial y diplomática de la Unión Europea la que ha participado activamente en crear y recrudecer las situaciones de guerra.

Y cuando en Europa algunas conciencias parecen conmoverse porque el drama humano es inmensurable entonces se habla de la “lucha contra las redes de tráfico”. Pero, nuevamente este discurso es perverso y tramposo porque utiliza el argumento de los derechos humanos para reducir las políticas de migración y asilo a políticas de “lucha contra las redes” y de esta forma no tener que hablar de políticas de acogida. En la doble moral de este discurso se omite intencionadamente que las redes existen porque los muros en Europa son cada vez más altos y una cuestión de derechos humanos se reduce, con una naturalidad pasmosa, a un tema de persecución policial de las redes de tráfico de personas, es decir a una cuestión de política criminal. Con la gran paradoja que, entonces, la lucha contra las redes se traduce en más flotas marítimas, más policías de fronteras y más represión.

En medio de tanta desolación e inhumanidad, la declaración de Barcelona como ciudad acogedora de refugiados muestra la otra cara: la de ciudadanos y ciudadanas comprometidas con los derechos humanos y dispuestas a proteger la vida de las mujeres, hombres, niñas y niños que huyen de la guerra. La iniciativa de la red de ciudades refugio abre las luces de esperanza hacia la transformación de la Europa Fortaleza y supone una respuesta global a la crisis. La declaración de Barcelona y la iniciativa de la red de ciudades es un paso más hacia la reconstrucción del municipalismo transformador dispuesto a proteger la vida y los derechos humanos.


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