miércoles, 8 de agosto de 2018

El drama del chabolismo en Barcelona (SIN REVISAR)

Esta noche, casi 2.000 personas dormirán en la calle en Barcelona. En 2018 ya había cientos viviendo en chabolas. Esta es la historia de las chabolas de Glòries. Y de cómo está hoy la cosa.

Vista aérea de las chabolas de Glòries, en Barcelona
Las chabolas de Glòries, en Barcelona, antes del derribo de 2018

Las chabolas de Glòries

En 2018, el barraquismo había vuelto a Barcelona. Según el Ayuntamiento, en los primeros meses del año vivían en chabolas 536 personas de media.

Muchas estaban junto a la plaza de las Glòries. Vivían de vender lo que encontraban en la basura. Lo llamaban «el mercado de la miseria».

En agosto de 2018, la Guardia Urbana derribó las chabolas. Y la gente que vivía allí no sabía adónde ir.

Ropa y zapatos recogidos de la basura, a la venta en el suelo
El mercado de la miseria, con lo que se recoge de la basura

Sus voces

Eltok tenía 31 años y llevaba siete meses allí: «No sé adónde iré. El albergue es como una cárcel, no quiero ir ahí. En este campamento no es que estuviéramos bien… Aquí había muchas ratas… pero…»

Florentina, de 49 años, apenas llevaba dos meses: «Ahora volveré a dormir en la calle».

Dormir allí les daba protección, sobre todo de noche: «Esto es tranquilo, aquí no te roban. Nadie hace daño a nadie. Dormimos y, durante el día, cada uno se busca la vida para comer».

Ir a un albergue municipal significaba renunciar a la chatarra. Era su única forma de ganarse la vida. «Por un carro lleno de latón, cobre, hierro… te dan de seis a ocho euros», explicaba Hamid.

Alí, de 46 años, fue de los primeros en llegar: «Recogiendo chatarra gano unos 400 o 500 euros y no puedo pagar 260 por una habitación. Tengo los documentos en regla y he trabajado muchos años en la construcción, pero a mi edad nadie me quiere contratar».

Las barracas tenían un plástico por techo. Las paredes eran puertas viejas y maderas de muebles abandonados. «El problema es que aquí no puedo lavarme; tampoco hay luz», decía Achraf, de 33 años. El agua la sacaban de una fuente. Y como váter usaban un agujero en una esquina.

¿Y hoy?

Hoy es peor. En diciembre de 2025, la Fundació Arrels contó 1.982 personas durmiendo en la calle en Barcelona. Son un 43 % más que dos años antes. Y es una cifra de mínimos: no cuenta a quien vive en asentamientos o en naves.

La habitación que Alí no podía pagar costaba 260 euros. Hoy, una habitación en Barcelona cuesta unos 650 euros al mes de media.

La vivienda se ha convertido en el gran problema. No solo para quien vive de la chatarra. También para quien trabaja y no llega a fin de mes. Y para los jóvenes que no pueden irse de casa.