domingo, 30 de agosto de 2026

Catalunya, capital mundial del anarquismo (Mundo Diario)

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Cuando creímos cambiarlo todo (1 de 3)

En julio de 1977, más de 600.000 personas participaron en las Jornadas Libertarias Internacionales de Barcelona. Tres semanas antes, más de 300.000 habían llenado Montjuïc. En un mes, la CNT de Cataluña pasó de 2.000 afiliados a más de 100.000.

Creímos de verdad que íbamos a cambiarlo todo. Yo estaba allí. Dentro. Organizando.

La multitud en el mitin de Montjuïc, 2 de julio de 1977
Mitin de Montjuïc, 2 de julio de 1977.
Foto: Julián Martín.

lunes, 20 de abril de 2020

El despacho de Abascal

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Hay despachos que parecen lugares de trabajo y despachos que parecen escaparates ideológicos. El de Abascal pertenece claramente al segundo grupo: una acumulación de símbolos, banderas, gestos patrióticos y guiños españolistas que intenta transmitir autoridad, pero acaba mostrando una pobreza política bastante reveladora.

La ultraderecha habla de España como quien llena una habitación de estampitas para no tener que hablar de vivienda, salarios, cuidados, desigualdad, memoria democrática o derechos sociales. Cuando todo el discurso cabe en una bandera, un mapa, un lema y una pose de orden, la política se convierte en decoración nacionalista.

Lo ridículo no está solo en la estética recargada, sino en lo que revela: una visión de España convertida en fetiche, repetida hasta el cansancio porque no hay casi nada más que ofrecer. Mucho símbolo, mucha patria, mucha testosterona de despacho; poca vida real.

Abascal, el líder del partido de la ultraderecha españolista VOX, divulgó recientemente una foto de su despacho. En él, aparece sentado, sin hacer nada. Haciendo ver que trabaja. Es un resumen completo de toda su vida laboral.
Abascal siempre ha estado viviendo del cuento, en chiringuitos creados expresamente para él. Cobrando del dinero que pagamos todos los ciudadanos.
La foto de su despacho se divulgó cuando todo el mundo estaba confinado en su casa por el coronavirus y sólo se permitían trabajos esenciales. Por tanto, el trabajo esencial de Abascal consiste en no hacer nada en su despacho.
En internet se han hecho numerosos montajes cachondeándose de su despacho


El despacho de Abascal. Propuesta de decoración franquista

domingo, 15 de diciembre de 2019

Arde Chile

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ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito al calor del estallido social chileno de 2019. Lo que empezó con una protesta contra la subida del metro expresó algo mucho más profundo: el cansancio de una sociedad golpeada por la desigualdad, la precariedad y la conversión de derechos básicos en negocio.

Los años posteriores no cerraron aquella herida. El proceso constitucional que nació de la revuelta abrió una posibilidad histórica, pero no consiguió transformar la indignación social en un nuevo pacto colectivo. Chile rechazó primero una propuesta constitucional de orientación progresista y después otra de signo conservador. La vieja fractura siguió abierta.

Por eso conviene releer hoy este texto sin reducirlo a una noticia antigua. “Arde Chile” no habla solo de Chile. Habla de lo que ocurre cuando una sociedad aguanta demasiado tiempo una vida organizada contra la mayoría. Habla de rabia, de dignidad, de calle y de la dificultad de convertir una revuelta justa en cambios duraderos.

Cinco años después, la pregunta sigue en pie: ¿cómo transformar la indignación popular en derechos reales, memoria de los reprimidos y poder democrático desde abajo?


Chile lleva varias semanas manifestándose contra la extrema desigualdad creada por el sistema neoliberal impuesto por la dictadura del general Pinochet y continuada por sus sucesores.

Lo que empezó siendo una revuelta de estudiantes de secundaria, negándose a pagar el aumento del billete del metro, ha acabado por convertirse en una manifestación sin precedentes que ha paralizado a todo el país.
La fuerte represión policial y militar ejercida indiscriminadamente contra los manifestantes fue denunciada ayer por la ONU, en su informe sobre la conculcación de los derechos humanos en Chile.

domingo, 20 de octubre de 2019

Barcelona, la “Rosa de Foc”

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ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito en octubre de 2019, en una Barcelona sacudida por protestas, tensión política y una memoria rebelde que volvía a ocupar las calles. El título recuperaba una vieja imagen de la ciudad: Barcelona como “Rosa de Foc”, una ciudad atravesada por revueltas, organización popular, represión y deseo de libertad.

Leído hoy, el texto no debe entenderse solo como una reacción a un momento concreto. Habla de algo más amplio: de cómo las ciudades guardan memoria, de cómo el poder intenta reducir la protesta a desorden, y de cómo la calle puede volver a ser un espacio de dignidad colectiva cuando las instituciones cierran caminos.

La Barcelona rebelde no pertenece solo al pasado. Está hecha de huelgas, barricadas, ateneos, barrios, fábricas, plazas, canciones, derrotas y esperanzas. Cada generación la nombra de una manera distinta, pero la pregunta de fondo permanece: quién manda en la ciudad y quién tiene derecho a imaginarla de nuevo.

Por eso conviene releer hoy esta entrada como una pieza de memoria política, no como una simple crónica de actualidad. Barcelona vuelve una y otra vez porque en ella se cruzan conflicto social, identidad popular, represión y deseo de cambiarlo todo desde abajo.


Rosa de Foc (Rosa de Fuego) fue el sobrenombre que se le dio a Barcelona en las primeras décadas del siglo XX.

Friederich Engels ya dijo, en su día, que Barcelona era la ciudad con más barricadas por metro cuadrado.

Si con todo lo que has conocido esta semana todavía no has tomado partido sobre lo que pasa en Cataluña, es que ya has tomado partido. El partido de la represión.

Antes de condenar la violencia directa de estas noches en Barcelona, hay que condenar la violencia estructural y la violencia cultural que la originan. Estas otras dos violencias son las únicas responsables de que esa violencia directa exista.

Barcelona. La Rosa de Foc. 2019.10.15

lunes, 7 de octubre de 2019

¿Qué es la desobediencia civil?

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La desobediencia civil aparece cuando la obediencia deja de ser una virtud y se convierte en complicidad. No nace del capricho ni de la rabia individual, sino de una decisión consciente: enfrentarse públicamente a una ley, una orden o una institución cuando sostienen una injusticia.

No toda protesta es desobediencia civil. Para serlo necesita responsabilidad, claridad ética, dimensión colectiva y voluntad de asumir las consecuencias. Su fuerza no está solo en desobedecer, sino en mostrar que la legalidad puede quedarse por debajo de la justicia.

Por eso la desobediencia civil permite entender muchas luchas: la defensa de derechos frente a leyes injustas, la memoria antifranquista, el feminismo, el antimilitarismo, la protesta social y las formas de poder construidas desde abajo.

La desobediencia civil consiste en desobedecer leyes injustas.

En la desobediencia civil prima la legitimidad, en lugar de la legalidad.



domingo, 6 de octubre de 2019

TOROS CON DINERO PÚBLICO

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La tauromaquia no sobrevive solo por tradición. Sobrevive también porque recibe protección política, apoyo institucional y dinero público. No se trata solo de toros: se trata de maltrato animal sostenido, protegido y financiado por administraciones que prefieren llamar cultura a una forma organizada de sufrimiento.

Cuando una institución dedica recursos a promover, defender o gestionar espectáculos taurinos, no actúa de manera neutral. Está tomando partido por una práctica basada en el dominio, la sangre y la muerte pública de un animal. La crueldad no se vuelve digna porque la acompañen música, trajes, discursos oficiales y presupuesto.

Por eso esta cuestión va más allá del gusto personal. Habla de qué valores decide financiar una sociedad: si la empatía, el cuidado y la vida, o la exhibición pública de la violencia convertida en espectáculo y pagada entre todos.

75.084 euros anuales cobrará el torero Miguel Abellán como director del Centro de Asuntos Taurinos de Madrid.

Miguel Abellán, director del Centro de Asuntos Taurinos de Madrid

Nuevo juicio sobre el “Coño Insumiso”

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ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito durante el proceso judicial abierto contra varias mujeres por la llamada procesión del “Coño Insumiso”. Aquel caso no trataba solo de una performance irreverente. Trataba de los límites de la libertad de expresión, del uso político de la religión y de la persecución de formas feministas de protesta.

Leído hoy, el episodio conserva todo su sentido. Las acusadas fueron absueltas porque su acción no buscaba incitar al odio ni atacar a personas creyentes, sino expresar una crítica social, laboral y feminista en el espacio público. La diferencia es importante: una cosa es que una protesta moleste, y otra muy distinta que deba convertirse en delito.

El fondo del conflicto sigue abierto. Cada vez que una imagen, una pancarta, una canción o una acción simbólica son llevadas ante los tribunales por ofender a los poderosos, la pregunta vuelve a aparecer: quién decide qué puede decirse, qué puede representarse y qué cuerpos tienen derecho a ocupar la calle.

Por eso conviene releer esta entrada como una defensa de la libertad de expresión feminista y anticlerical. No se trataba solo de una procesión paródica. Se trataba de disputar el poder simbólico de quienes durante demasiado tiempo han querido decidir sobre los cuerpos, la moral y la voz de las mujeres.


Este jueves, 3 de octubre, quedó visto para sentencia el juicio contra tres mujeres por la llamada procesión de la “Anarco-cofradía del Santísimo Coño Insumiso” y del “Santo entierro de los derechos sociolaborales” que recorrió el centro de Sevilla el 1 de mayo de 2.014.
A las puertas del juzgado se concentraron algunos manifestantes que apoyaban a los denunciantes, la fiscalía y a la Asociación de Abogados Españoles Cristianos (AEAC).


Mucho más numerosa fue la concentración de diversos colectivos feministas, que apoyaban a las mujeres acusadas.


sábado, 5 de octubre de 2019

¿Cómo dejar de recibir propaganda electoral?

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Cada vez que hay elecciones, los partidos vuelven a llenar buzones con propaganda electoral impresa. Sobres, papeletas, cartas, folletos y mensajes que muchas personas no han pedido y que acaban acumulándose en casa o directamente en la basura.

No recibir esa propaganda es un derecho sencillo de ejercer. El Instituto Nacional de Estadística permite solicitar la exclusión de las copias del censo electoral que se entregan a las candidaturas para realizar envíos postales. La solicitud puede hacerse por internet desde la Sede Electrónica del INE, identificándose con Cl@ve.

La medida no impide votar, no borra a nadie del censo electoral y no afecta al derecho de participación política. Solo evita que los datos de domicilio se incluyan en las copias usadas por los partidos para mandar propaganda electoral por correo.

Es una pequeña decisión práctica, pero también simbólica: menos papel inútil, menos gasto electoral, menos invasión del buzón y un poco más de control sobre el uso de nuestros datos personales.

Los partidos reciben los datos de los electores para enviarles propaganda postal a su domicilio.


Esta semana han surgido campañas contra esta práctica, contra el gasto electoral y contra la propaganda: 
"¡No quiero ni un solo sobre con propaganda y papeletas electorales!".
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ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito en un momento en que la criminalización del independentismo catalán ocupaba el centro del debate político y mediático. Leído hoy, no debe entenderse solo como una reacción a una coyuntura concreta, sino como parte de una cuestión más profunda: el uso de aparatos del Estado, informes policiales, filtraciones, espionaje o campañas de descrédito contra adversarios políticos.

Con el paso de los años, términos como “Operación Cataluña”, “cloacas del Estado” o “Pegasus” han dejado de ser simples denuncias de parte para convertirse en materias investigadas en sede parlamentaria. Eso no resuelve todas las responsabilidades, pero confirma que el problema no era imaginario ni menor.

El fondo democrático sigue siendo el mismo: ningún Estado puede defender la legalidad usando zonas oscuras, guerra sucia o manipulación informativa. Cuando la razón de Estado se coloca por encima de los derechos, la democracia se estrecha y la disidencia queda marcada como amenaza.

Por eso conviene releer esta entrada como una advertencia. El problema no es solo Cataluña. El problema es qué tipo de democracia queda cuando los poderes opacos pueden actuar contra movimientos políticos, sociales o nacionales sin transparencia, control ni rendición de cuentas.


Han enviado 500 guardias civiles a detener a gente de los CDR para imponer su falso relato de la violencia independentista.
Han difundido una nota de prensa ambigua, afinada por el fiscal. Corregida y aumentada por los medios de manipulación mediática.

Multa de 10.401 euros por 0,01 gramos de marihuana

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ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito a partir de una sanción desproporcionada: una multa de 10.401 euros por una cantidad mínima de marihuana. Más allá del caso concreto, la entrada señalaba uno de los rasgos más duros de la llamada Ley Mordaza: convertir conductas menores en castigos económicos capaces de golpear con mucha más fuerza a quien menos tiene.

Leído hoy, el problema sigue siendo de fondo. No se trata solo de drogas, ni solo de una multa. Se trata de un modelo de control social que usa la sanción administrativa para castigar sin pasar por un juicio penal, trasladando al ciudadano la carga de recurrir, pagar o resignarse.

Cuando una norma permite multas enormes por hechos de escasa entidad, la pregunta ya no es únicamente jurídica. Es política y social: a quién protege realmente la ley, a quién intimida y qué tipo de obediencia fabrica cuando convierte la pobreza en indefensión.

Por eso conviene releer esta entrada como una crítica a la penalización de la vida cotidiana. La represión no siempre llega con grandes titulares. A veces llega en forma de multa, expediente y miedo a no poder pagar.


Un policía de Yecla, en Murcia, para a un chaval y le hace vaciar los bolsillos: mechero, llaves, móvil y un “grinder”. Un molinillo portátil de triturar marihuana.

El policía encuentra unas partículas de color verde. Según el Laboratorio científico, son 0,01 gramos de marihuana.
En aplicación de la Ley Mordaza, el policía le impone una multa de 10.401 euros, por reincidente.

sábado, 7 de septiembre de 2019

¡Abajo la escuela!

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El texto que sigue fue publicado originalmente en la revista Ajoblanco en 1978. Aunque nació en aquel momento de crítica radical a las instituciones, sigo creyendo que conserva buena parte de su vigencia: no como una consigna cerrada, sino como una invitación a pensar qué tipo de educación produce obediencia y qué tipo de aprendizaje puede abrir caminos de libertad.

La escuela no es solo un lugar donde se transmiten conocimientos. También es una institución que ordena cuerpos, horarios, obediencias, jerarquías y formas de mirar el mundo. Por eso cualquier crítica profunda a la escuela acaba siendo también una crítica al tipo de sociedad que la necesita.

Decir “¡Abajo la escuela!” no significa despreciar el aprendizaje. Al contrario: significa preguntarse qué queda del deseo de aprender cuando la educación se convierte en disciplina, competencia, miedo al error, selección social y preparación para obedecer. Aprender debería abrir posibilidades; demasiadas veces la escuela las administra, las clasifica y las limita.

Las ilustraciones de Josep Bolinaga son las mismas con las que el texto apareció publicado en Ajoblanco. Forman parte de esa lectura original y conservan también su fuerza: una mirada gráfica, crítica e irreverente sobre la escuela como espacio de disciplina, clasificación y domesticación.

“Mi abuela quiso que yo tuviera una educación; por eso no me llevó a la escuela” (Margaret Mead).

“Hay quien dice que nuestra crítica a la escuela, a esa institución burguesa especializada en la educastración de los individuos, no llega al fondo de la realidad. Nosotros creemos, por el contrario, que la realidad del fondo es todavía mucho más profunda”.
Actualmente las escuelas, y toda la enseñanza burocrática, siguen cumpliendo una triple función: 1) controlar y habituar a obedecer; 2) adoctrinar en los valores establecidos por quienes tienen el poder; 3) seleccionar socialmente en los futuros trabajos a desempeñar.

En México, un profesor pone cajas en la cabeza a sus alumnos para que no copien



domingo, 2 de junio de 2019

Muerte de un repartidor de Glovo

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ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito a partir de la muerte de un repartidor de Glovo en Barcelona. Aquella muerte no fue solo un accidente laboral aislado. Señalaba una forma nueva de precariedad: trabajadores solos, conectados a una aplicación, presionados por el tiempo, sin la protección real que debería acompañar a cualquier empleo.

Leído hoy, el texto conserva su fuerza porque habla de algo que sigue atravesando nuestras ciudades: el trabajo convertido en encargo, el salario disfrazado de autonomía y la vida de quienes reparten comida, paquetes o servicios mientras otros convierten esa urgencia cotidiana en negocio.

No se trata solo de Glovo. Se trata de un modelo económico que presenta la explotación como flexibilidad y la falta de derechos como libertad individual. Cuando el trabajador queda reducido a una cuenta, una ruta y una puntuación, el conflicto social desaparece de la pantalla, pero no de la calle.

Por eso conviene releer esta entrada como una denuncia de la precariedad contemporánea. Detrás de cada entrega rápida hay una pregunta lenta y profunda: cuánto vale una vida cuando el mercado decide que todo debe llegar en minutos.


Pujan Korala, un repartidor de Glovo de 22 años, murió el sábado 25 de mayo en Barcelona, atropellado por un camión de basura.
Era de Nepal y no tenía permiso de residencia. Como no podía trabajar, hacía de repartidor con la cuenta de otra persona.
Pujan Korala, el joven muerto mientras hacía un reparto de 5 euros

Los presos políticos catalanes en el Congreso de Diputados

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ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito cuando varios dirigentes independentistas catalanes, elegidos en las urnas, llegaron al Congreso de los Diputados desde la prisión. Aquella imagen condensaba una contradicción política profunda: representantes votados por la ciudadanía entraban en la Cámara bajo la sombra de una causa judicial que seguía marcando la vida institucional.

Leído hoy, el episodio ya no puede separarse de lo que vino después: los indultos parciales de 2021, la reforma del marco penal y la Ley de Amnistía de 2024. Pero esas medidas posteriores no borran la pregunta de fondo que planteaba aquel momento: cómo debe responder una democracia cuando un conflicto político acaba trasladado de forma masiva a los tribunales.

El problema no era solo jurídico. Era también democrático y simbólico. Un Parlamento debería ser el lugar donde se habla, se confrontan proyectos y se buscan salidas políticas. Cuando la representación queda condicionada por la prisión, la suspensión o la excepcionalidad, la política se estrecha y el conflicto se enquista.

Por eso conviene releer esta entrada como una pieza sobre representación, represión y conflicto territorial. Más allá de las posiciones de cada cual sobre la independencia, sigue abierta una cuestión esencial: si los problemas políticos pueden resolverse castigando a quienes los expresan, o si precisamente por eso vuelven una y otra vez.


Las diputadas y diputados electos el 21 de abril han constituido el Congreso de la XIII legislatura.
Especial relevancia han tenido las intervenciones de los presos políticos catalanes y los pataleos de los diputados de VOX, impidiendo que se les oyese.
La entrada de los presos políticos catalanes en el congreso ha sido recibida con aplausos.

Las lágrimas del toro

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Hay imágenes que resumen por sí solas toda una mentira. Un torero puede acariciar al toro, secarle las lágrimas o fingir una emoción íntima ante el animal que está siendo torturado. Pero ese gesto no borra la violencia. La hace más obscena.

El cinismo de la tauromaquia consiste precisamente en llamar respeto a lo que es dominio, arte a lo que es sufrimiento y tradición a lo que es una ceremonia pública de muerte. No hay compasión posible mientras se participa en el daño. No hay ternura limpia en la mano que consuela al animal después de haberlo condenado.

Las lágrimas del toro no necesitan interpretación. Señalan el punto exacto donde se rompe el decorado taurino: detrás del traje, la música, los aplausos y las palabras solemnes, queda un ser vivo sufriendo para que otros conviertan su agonía en espectáculo.

El viernes 10 de mayo, en la Maestranza de Sevilla, Morante de la Puebla sacó un pañuelo del bolsillo y secó las lágrimas al toro que, moribundo y lleno de banderillas, lloraba de dolor. Antes le había estado torturando media hora. Luego lo mató.
El gesto de Morante, el torero de VOX, fue vomitivo, bárbaro, hipócrita y de un sadismo enfermizo que roza la psicopatía. 

Morante de la Puebla secando las lágrimas del pobre toro

domingo, 28 de abril de 2019

Cataluña: pactismo “procesista” o desobediencia civil.

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ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito en un momento en que el independentismo catalán vivía una tensión profunda entre negociación institucional, cálculo partidista y movilización en la calle. La pregunta que planteaba entonces sigue teniendo sentido: qué ocurre cuando un movimiento nacido de la desobediencia acaba atrapado entre pactos, elecciones, represión y gestión del propio desgaste.

Leído hoy, el texto no debe entenderse solo como una discusión interna del procés. Habla de un problema más amplio: cómo los movimientos populares pueden perder fuerza cuando delegan demasiada energía en las instituciones, y cómo también pueden agotarse si convierten la épica de la calle en una consigna sin estrategia.

La desobediencia civil no es un gesto romántico ni una simple negativa a obedecer. Es una forma organizada de conflicto democrático cuando las vías normales quedan bloqueadas. Pero para tener sentido necesita comunidad, objetivos claros, capacidad de sostenerse y una relación honesta entre lo que se promete y lo que realmente se puede hacer.

Por eso conviene releer esta entrada como una reflexión sobre los límites del pactismo y también sobre los límites de la desobediencia si no se construye desde abajo. La cuestión sigue abierta: cómo transformar una fuerza colectiva en poder real sin que la absorban los despachos ni la queme la frustración.


Cataluña ha sido uno de los temas que ha ocupado más tiempo en los debates electorales de los cuatro grandes partidos. En ninguno de estos debates han participado los partidos que defienden la independencia de Cataluña.
¿Qué les han ofrecido los cuatro grandes partidos a los independentistas catalanes? ¿Qué posición tienen los partidos independentistas, que no han podido intervenir en los debates electorales a pesar de ser la quinta y la sexta fuerzas más importantes del Congreso?
Hay dos posiciones dentro del independentismo: una, el llamado “pactismo procesista”, puramente gestual; otra, la desobediencia civil.


Paremos a la ultraderecha

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ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito en un contexto electoral concreto, pero la cuestión que planteaba no ha envejecido. La ultraderecha no es solo un partido, una campaña o una reacción momentánea. Es una forma de organizar el miedo, señalar enemigos internos y convertir la desigualdad, el machismo, el racismo o el autoritarismo en sentido común.

Leído hoy, conviene separar lo coyuntural de lo importante. El problema no era únicamente una candidatura concreta, sino el avance de discursos que presentan la libertad como privilegio de unos pocos y la seguridad como excusa para recortar derechos a muchos.

Parar a la ultraderecha no puede reducirse a votar cada cierto tiempo. También exige memoria histórica, organización social, cultura democrática, feminismo, antirracismo, defensa de los servicios públicos y una política capaz de dar respuestas reales a quienes viven con miedo, precariedad o abandono.

Por eso conviene releer esta entrada como una advertencia democrática. La ultraderecha crece cuando una sociedad olvida su historia, se acostumbra a la desigualdad y acepta que la rabia de los de abajo sea dirigida contra otros de abajo.


Desde que VOX está imponiendo sus tesis a PP y Ciudadanos, la ultraderecha es un monstruo de tres cabezas. Un monstruo, uno y trino, que defiende una España franquista en blanco y negro.

Una España autoritaria, centralista, ultraespañolista, con supresión permanente de la autonomía de Cataluña, machista, LGTBIfóbica, racista, islamófoba, con bajadas de impuestos a los ricos y con más recortes del estado de bienestar.

Las tres cabezas del monstruo de la ultraderecha


miércoles, 24 de abril de 2019

Antisemitismo, catalanofobia y catetismo en Coripe

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ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito a raíz de la quema de un muñeco de Carles Puigdemont en Coripe, dentro de la tradicional fiesta de la Quema de Judas. El episodio no era solo una anécdota local ni una simple provocación festiva. Mostraba cómo ciertas tradiciones pueden arrastrar símbolos de odio antiguo y actualizarse contra nuevos enemigos políticos.

Leído hoy, el texto conserva su sentido porque habla de la facilidad con que una comunidad puede convertir la burla, la violencia simbólica y el linchamiento ritual en espectáculo aceptable. Cuando se representa públicamente la ejecución de una figura política, el problema no es solo el mal gusto: es la normalización social del odio.

El antisemitismo histórico de la figura de Judas, la catalanofobia y la celebración colectiva del castigo se cruzaban en una misma escena. Por eso no bastaba con decir que era una tradición. Las tradiciones también deben poder mirarse críticamente cuando reproducen exclusión, humillación o violencia contra un grupo señalado.

Por eso conviene releer esta entrada como una reflexión sobre los símbolos públicos del odio. Una democracia no solo se juega en las leyes, sino también en aquello que una sociedad celebra, tolera o convierte en fiesta.


En Coripe, un pueblo de 1300 habitantes de la provincia de Sevilla, en el límite con Cádiz, han escenificado esta Semana Santa la matanza de Judas. Una fiesta considerada de interés turístico.
Cada año el pueblo elige un Judas, la encarnación del mal de ese año. Luego la guardia municipal lo fusila y lo queman en la plaza pública, delante de todo el mundo. El Judas elegido este año fue el expresidente de Cataluña, Carles Puigdemont.

Lo eligió la Asociación de Madres y Padres de Alumnos (AMPA) del Colegio.

Fusilamiento y quema de Carles Puigdemont en Coripe. 2019

domingo, 21 de abril de 2019

¿Monarquía, república o democracia directa?

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La cuestión no es elegir entre monarquía y república como si bastara con cambiar el nombre de la jefatura del Estado. Una república también puede ser autoritaria, centralista, jerárquica y profundamente alejada de la gente si mantiene intacta la lógica de la representación pasiva: votar cada cuatro años y dejar que otros decidan.

La crítica principal va dirigida contra la monarquía porque representa una forma extrema de poder heredado: una institución no elegida, transmitida por nacimiento y situada por encima de la decisión directa de la ciudadanía. Pero el problema de fondo no acaba ahí. También hay que preguntarse qué tipo de democracia queremos poner en su lugar.

La alternativa no debería ser una república parlamentaria donde la gente vuelve a quedar reducida a espectadora, sino una democracia directa, federal y confederal: que las personas afectadas decidan sobre lo que les afecta, y que los grupos, barrios, pueblos y colectivos se coordinen libremente para impulsar iniciativas comunes desde abajo.

Manifestación en Madrid por la III República

sábado, 20 de abril de 2019

Semana Santa. Procesiones transgresoras

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ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026

Este texto fue escrito a propósito de las procesiones transgresoras vinculadas a la Semana Santa. Más allá de la provocación inmediata, el tema de fondo era otro: quién tiene derecho a ocupar el espacio público, quién decide qué símbolos pueden circular por la calle y por qué ciertas formas de crítica religiosa siguen siendo tratadas como escándalo intolerable.

Leído hoy, el texto conserva sentido porque habla de libertad simbólica. Las procesiones oficiales, protegidas por la costumbre y por el poder social de la Iglesia, suelen presentarse como tradición neutral. Pero ninguna tradición es neutral cuando ocupa calles, marca calendarios, ordena silencios y define qué emociones colectivas son respetables.

La transgresión, cuando no humilla a personas concretas ni llama al odio, puede ser una forma legítima de crítica cultural. Sirve para mostrar que los símbolos religiosos también son poder, memoria, disciplina, género, moral y autoridad. Por eso incomodan tanto cuando se los parodia desde abajo.

Por eso conviene releer esta entrada como una defensa del derecho a cuestionar los símbolos dominantes. Una sociedad libre no se mide solo por el respeto a las tradiciones, sino también por su capacidad para soportar la irreverencia, la risa y la crítica.


La Iglesia se apropió de todas las festividades: el solsticio de invierno (Navidad); las lupercalia romanas (Carnaval); la muerte y resurrección del Atis egipcio (Semana Santa); el solsticio de verano (San Juan); el día de Artemisa (15 de agosto, Santa María); la feralia romana (Difuntos); etc.
Los ateos (y no ateos) vivimos estas fiestas como nos da la gana. Incluso con procesiones ateas.



domingo, 14 de abril de 2019

La política del beso

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Un beso puede ser un gesto íntimo, una celebración, una provocación o una imagen política. Puede hablar de deseo, reconciliación, poder, propaganda, religión, amistad, teatro público o simple necesidad de afecto.

Por eso los besos no pertenecen solo a la vida privada. También aparecen en la historia, en la diplomacia, en las campañas electorales, en los gestos religiosos, en las luchas contra la intolerancia y en la puesta en escena de quienes quieren parecer cercanos mientras siguen viviendo lejos de la gente.

La política del beso empieza ahí: en esa mezcla de ternura, representación y espectáculo. A veces un beso abre una grieta contra el odio. Otras veces solo maquilla el poder con una falsa apariencia de humanidad.

Hoy, 13 de abril, es el Día Internacional del Beso. Tal día como hoy tuvo lugar en Tailandia el beso más largo de la historia. 

En 2012, Ekkachai y Laksana Tiranarat batieron el récord del mundo con un beso de 58 horas, 35 minutos y 58 segundos. Durante el beso, no podían sentarse, ni dormir. Para ir al servicio debían hacerlo juntos. Como premio recibieron unos 2.500 euros y dos anillos de diamantes.


El beso más largo de la historia: 58 horas, 35 minutos y 58 segundos