domingo, 14 de abril de 2019

La política del beso

Un beso puede ser un gesto íntimo, una celebración, una provocación o una imagen política. Puede hablar de deseo, reconciliación, poder, propaganda, religión, amistad, teatro público o simple necesidad de afecto.

Por eso los besos no pertenecen solo a la vida privada. También aparecen en la historia, en la diplomacia, en las campañas electorales, en los gestos religiosos, en las luchas contra la intolerancia y en la puesta en escena de quienes quieren parecer cercanos mientras siguen viviendo lejos de la gente.

La política del beso empieza ahí: en esa mezcla de ternura, representación y espectáculo. A veces un beso abre una grieta contra el odio. Otras veces solo maquilla el poder con una falsa apariencia de humanidad.

Hoy, 13 de abril, es el Día Internacional del Beso. Tal día como hoy tuvo lugar en Tailandia el beso más largo de la historia. 

En 2012, Ekkachai y Laksana Tiranarat batieron el récord del mundo con un beso de 58 horas, 35 minutos y 58 segundos. Durante el beso, no podían sentarse, ni dormir. Para ir al servicio debían hacerlo juntos. Como premio recibieron unos 2.500 euros y dos anillos de diamantes.


El beso más largo de la historia: 58 horas, 35 minutos y 58 segundos

Entre los políticos, los besos han sido muy frecuentes. Empezando por el que se dieron Breznez, líder de la URSS y Honecker, líder de la Alemania Oriental.
El lider de la extinta URRS y de la extinta Alemania oriental

Ahora, en las Españas, los políticos se despellejarán unos a otros. Pero aconsejados por sus asesores, repartirán besos a sus posibles votantes. Irán a mercados; se harán fotos con las dependientas; cogerán niños en brazos; los besarán; etc.
Si los políticos no fuesen una casta por encima de la gente y se preocupasen de buscar soluciones en lugar de su propio interés, darían muchos más besos y abrazos. Y evitarían tantas descalificaciones y subidas de testosterona.
Ese fue el objetivo del beso gay entre un supuesto judío y un árabe en Jerusalén, un beso que se hizo viral en las redes sociales. En realidad, eran una pareja gay italiana, Matteo Menicocci y Riccardo Rocchi. Estaban de visita en Israel y se dieron el beso frente a una puerta coral de la capital israelí.
Publicaron la foto en Instagram, como un símbolo contra la intolerancia sobre la orientación sexual en el mundo.
El supuesto judío con el supuesto palestino. Una foto que se hizo viral

Otro beso famoso fue el del papa Francisco, con su "amigo y hermano querido" el Imán Ahmed al Tayeb, máxima autoridad de la mezquita al Azhar y del islam sunita. El papa Francisco es el único papa que ha visitado la península arábiga, cuna del islam.

La fotografía del beso fue tomada el primer día en Abu Dhabi, cuando el papa participó en una reunión internacional interreligiosa y firmó un documento sobre la lucha contra el extremismo.
El Papa Francisco y el imán  Ahmed al Tayeb

En las Españas, todos recordamos los besos de Pablo Iglesias. El más famoso, con Xavier Domènech, en el Congreso de los diputados.
Pablo Iglesias y Xavier Domènech en el Congreso de los Diputados

También con Íñigo Errejón, en sus buenos tiempos.
Pablo Iglesias e Íñigo Errejón
Aunque es posible que los besos de Pablo Iglesias tengan funciones vampíricas. Domènech abandonó la política, por agotamiento. Íñigo errejón se presentó a las elecciones a la Comunidad de Madrid con una candidatura distinta a la de Podemos.

Al final, un beso puede ser muchas cosas: una promesa, una burla al poder, una imagen de reconciliación, una estrategia de propaganda o un gesto sencillo de ternura. Pero quizá por eso mismo sigue siendo tan poderoso: porque une cuerpos, rompe distancias y recuerda que también la política se juega en los afectos, en los símbolos y en la forma en que nos atrevemos a tocar el mundo.


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