La propaganda electoral ya no llega solo en sobres, papeletas y cartas metidas en el buzón. También puede llegar a través del móvil, del correo electrónico, de las redes sociales y de mensajes diseñados para cada persona según sus datos, sus hábitos y sus supuestas preferencias políticas.
El problema no es solo recibir propaganda. El problema es que los partidos quieran convertir la información personal en munición electoral: saber qué miramos, qué compartimos, qué nos indigna, qué nos asusta y qué mensaje puede empujarnos mejor hacia una opción política determinada.
Aunque algunos límites legales hayan frenado los abusos más evidentes, la cuestión de fondo sigue abierta: quién controla nuestros datos, quién los usa para influir en nuestro voto y hasta qué punto una democracia puede seguir llamándose libre cuando la propaganda se adapta silenciosamente a cada ciudadano.
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| Los partidos te enviarán propaganda a tu móvil o a tu ordenador sin tu consentimiento |


