ACTUALIZADO EN MAYO DE 2026
Este texto fue escrito cuando todavía se presentaban como ayuda espiritual o acompañamiento pastoral prácticas destinadas a corregir, reprimir o modificar la orientación sexual de las personas. Lo que entonces se denunciaba como una agresión moral y psicológica hoy debe nombrarse con claridad: las llamadas terapias de conversión son una forma de violencia contra las personas LGTBI.
Leído hoy, el texto conserva su sentido porque el problema nunca fue solo religioso. El problema era el poder de quienes se arrogan el derecho a decidir qué deseos son legítimos, qué cuerpos son aceptables y qué vidas deben pedir perdón por existir.
La aprobación de normas que prohíben estas prácticas no borra el daño causado, pero sí marca un límite democrático. Nadie debe ser empujado a odiarse, esconderse o mutilar su propia identidad para encajar en una moral impuesta por otros.
Por eso conviene releer esta entrada como una defensa de la libertad afectiva, sexual y personal. La dignidad no consiste en ser tolerado por quienes se creen con derecho a curarte, sino en poder vivir sin que nadie convierta tu deseo en enfermedad.



