«En la sociedad anarquista, la educación y la instrucción de los niños se hará de tal forma que todos comprenderán la necesidad del trabajo sin otras excepciones que las enfermedades físicas irremediables. Y como no habrá el mal ejemplo actual de unos que trabajan y de otros que no, de unos que comen y otros que ayunan, todo el mundo contribuirá a la producción de la riqueza común en la medida de sus fuerzas y todos comerán según el hambre que tengan. Y será fácil para los educadores impulsar a los niños el gusto y la obligación general del trabajo. Siendo los hombres razonables, al contrario de lo que ocurre hoy, encontrarán sin grandes esfuerzos la manera de ser durante toda su vida propietarios de aquello que les rodea y de aquello que aman, sin que este derecho a la propiedad pueda perjudicar a nadie ni crear supremacías de ningún tipo. Precisamente, la demencia de aquellos que no comprenden la anarquía proviene de la impotencia con que se encuentran de concebir una sociedad razonable».
— Francesc Ferrer i Guàrdia, en La Huelga General