lunes, 28 de septiembre de 2015

26S. Jornada de reflexión. ¡Ojalá me equivoque!




Escribo estas líneas al inicio de la jornada de reflexión, 24 horas antes de que empiecen las votaciones al Parlament de Cataluña y antes de que pase lo que me temo que finalmente va a pasar.
¡Ojalá me equivoque! Lo deseo de todo corazón. Sería una alegría equivocarme. Pero me temo que no sucederá. Dentro de 24 horas tendré la respuesta.
¿Qué por qué querría equivocarme? Pues porque creo que mañana mis mejores amigos estarán tristes y decepcionados ante el resultado de las elecciones catalanas. Y si no lo están mañana (porque puede que mañana todos digan que han ganado) lo estarán las próximas  semanas, cuando vean cómo se desarrollan los acontecimientos. 

(NOTA: he añadido en rojo las acotaciones posteriores una vez conocidos los resultados electorales)



















Esto será así, porque para que pueda producirse un auténtico cambio del sistema, tanto en el ámbito “territorial” como en el ámbito “social”, se requieren dos condiciones. La primera tiene que  producirse mañana, con un triunfo electoral rotundo de las opciones de cambio; la segunda tiene que producirse de forma continuada los próximos días y meses, con una movilización popular por la desobediencia civil.

Ambas son necesarias: un triunfo electoral rotundo que justifique ante todo el mundo la legitimidad de las opciones democráticamente elegidas; una desobediencia civil continuada para poder conseguirlas, ya que a los poderes fácticos les tiene sin cuidado la opinión de la gente y no van a quedarse cruzados de brazos; como se ha visto claramente en Grecia. Pues bien: creo que mañana, para empezar, no va a haber un triunfo rotundo de las opciones de cambio, ni en el ámbito territorial ni en el ámbito social. Y sin un triunfo rotundo no va a ser posible el cambio necesario que tanto Cataluña como España necesitan, por lo que empezará a generarse finalmente una sensación de frustración, de desilusión, de desesperanza y de incredulidad. Estábamos convencidos de que realmente podíamos cambiar las cosas en profundidad y ahora vemos que no tenemos suficiente fuerza para hacerlo. ¿Qué ha pasado? ¿En qué nos hemos equivocado? Creo que mañana mis amigos estarán decepcionados y se harán todas estas preguntas. Tanto los que priorizan el eje “territorial”, como los que priorizan el eje “social”.

(NOTA: estos han sido los resultados electorales. Para consultar todos los datos haz clic aquí o en los gráficos).


  EL EJE TERRITORIAL
  CATALUÑA-ESPAÑA 
Quienes priorizan el eje “territorial” -convencidos de que no es posible cambiar nada en Cataluña si no se cambia antes su relación con España-, verán mañana que con la actual correlación de fuerzas la cosa no quedará del todo clara. Incluso puede que quede mal, no sólo ya para los defensores de la independencia de Cataluña, sino también para los defensores de una simple relación confederal o federal que dé mayor capacidad de decisión a Cataluña.

Un cambio territorial en profundidad –no ya independentista, sino simplemente confederal avanzado- únicamente puede ser posible si detrás tiene una gran masa social, una mayoría incuestionable que lo impulse contra viento y marea. No basta con tener una mayoría parlamentaria relativa o absoluta. Se requiere una mayoría incuestionable. Y  todas las encuestas apuntan a  que va a  haber mayoría de escaños, pero no de votos. Pero incluso, aunque mañana se produjese esa hipotética mayoría incuestionable tanto en escaños como en votos, ello tampoco serviría de nada si no va acompañada de una desobediencia civil continuada con el actual sistema establecido.


Paradójicamente, sin un triunfo electoral rotundo y sin una desobediencia civil continuada, lo que finalmente puede terminar sucediendo puede ser una reforma constitucional re-centralizadora. Una pseudo-reforma dirigida y planificada por “expertos”, para laminar competencias de las comunidades autónomas y ponerlas bajo el control del poder central con el falaz argumento de “evitar duplicidades” administrativas.

(NOTA: esto es lo que finalmente ha pasado).

 EL EJE SOCIAL 
 LOS DE ARRIBA Y LOS DE ABAJO 
Quienes priorizan el eje “social” -convencidos de que ésta es la verdadera cuestión a solucionar, la que realmente preocupa a la gente que pierde su vivienda, la que no tiene ningún trabajo o la que, si lo tiene, tiene sueldos de miseria-  tampoco obtendrán mañana  un triunfo incuestionable. Puede incluso que obtengan un resultado muy por debajo de las expectativas iniciales. Y también verán mañana que, con la actual correlación de fuerzas, la cosa pintará mal, muy mal.

El camino a seguir pasaba por alcanzar una gran mayoría para transformar profundamente el sistema y ponerlo al servicio de los más desfavorecidos. Para ello era necesario ganar las elecciones, primero en el Ayuntamiento de Barcelona, luego en la Generalitat de Cataluña y, finalmente, en el gobierno de España. Pero los resultados de mañana en Cataluña no irán por ese camino. Ni mucho menos.

Al igual que en el eje “territorial”, tampoco habrá mañana ninguna mayoría rotunda en el “eje social” que permita justificar los profundos cambios que requiere el sistema. A lo máximo que se podrá aspirar será a un reajuste de algunos aspectos secundarios que no lo pongan en peligro. Y, aunque hubiese una mayoría rotunda, ésta tampoco serviría de nada sin una gran masa social que impulse la transformación del sistema contra viento y marea. Para ello se requiere, también,  una desobediencia civil continuada.

Paradójicamente, sin un triunfo electoral rotundo y sin una desobediencia civil continuada en el eje social, lo que puede terminar sucediendo puede ser una reforma cosmética, que apuntale el sistema apelando a cuatro tópicos sobre  “transparencia”, “fin de la corrupción”, “mayor sensibilidad social” y poca cosa más. En definitiva: “cambiar algo para que nada  cambie”, de modo  que continúen mandando los que siempre han tenido en sus manos el poder. En definitiva, el lenguaje de Ciudadanos, al que en las próximas elecciones generales puede añadirse rápidamente el PP para continuar manteniendo el poder.

Resumiendo: si no me equivoco y me gustaría profundamente equivocarme, mañana (o las próximas semanas, según cómo se desarrollen los acontecimientos), mis amigos tendrán una profunda decepción. Verán como la ilusión colectiva pasa a ser sustituida poco a poco por los pactos y las componendas de los partidos, al más puro estilo tradicional.

 ¿QUÉ HA FALLADO EN EL EJE
 SOCIAL? 

Hace unos meses se veía posible un profundo cambio social en Cataluña. Una “Cataluña en Comú” podía ganar las elecciones, como antes las había ganado una “Barcelona en Comú”. Hace unos meses, repito, eso se veía  posible; y todavía hoy sigo pensando que ENTONCES era REALMENTE POSIBLE. Los sondeos daban  un posible triunfo a una hipotética “Catalunya en Comú”, cuyos referentes eran la “Barcelona en Comú” que llevó al Ayuntamiento a Ada Colau y las listas de confluencia de tantos y tantos ayuntamientos. Fue  entonces cuando Artur Mas, espantado ante estos datos, decidió mover ficha y contraatacar con su propuesta de lista unitaria. Pero el referente de “Catalunya Sí que es Pot” no ha sido, desgraciadamente, “Barcelona en Comú”.

El referente de “Catalunya Sí que es Pot”, el que ha calado entre los votantes, ha sido el de una “sopa de siglas”, de dos siglas concretamente: las de una coalición acordada por las cúpulas de ICV y Podemos (y del Podemos de “fuera” de Cataluña), coalición posteriormente refrendada “por sus bases” en internet con una muy escasa participación. No se ha percibido a “Catalunya Sí que es Pot” como algo distinto, con savia nueva, sino como algo ya archiconocido que reproducía los tradicionales esquemas perdedores. Con Pablo Iglesias y Juan Herrera anunciando por televisión el acuerdo de la coalición, el nombre de la misma,  su ampliación a las elecciones españolas de diciembre, etc. Todo ello justificado con el argumento de que no había tiempo para hacer un proceso asambleario desde abajo, como el que se hizo en la plataforma de “Barcelona en Comú” con el que finalmente se obtuvo la alcaldía de Barcelona.

Si “Barcelona en Comú”, “Ahora Madrid” y otras plataformas similares ganaron las elecciones fue porque desde su origen promovieron una nueva forma de actuar, una nueva forma que canalizaba las inquietudes y las aspiraciones de la gente. Una nueva forma de actuar similar a la del primer Podemos, a la del Podemos de las elecciones europeas. Un Podemos que, a la manera bíblica, actuaba como la levadura que fermentaba la masa de la participación de la gente y potenciaba el empoderamiento de la misma mediante la elaboración de un programa participativo común. Sin necesidad de que apareciesen por ningún lado las siglas de nadie (aunque todo el mundo las conocía), porque las personas dejaban de lado sus siglas propias y se fundían en un proyecto común, compartido. Esa nueva forma de actuar de “Barcelona en Comú” no tiene nada que ver con un Podemos piramidal que, a la usanza leninista, intenta erigirse como faro y guía que indica el camino por el cual debe transitar la gente: con sus “listas plancha” en su organización interna; dando recetas precocinadas a la gente a la que se llama a confluir; no captando el sentir de la gente que mañana irá (o, finalmente, no irá) a votar.

Que las cosas no iban como se había diseñado en un principio tuvo su primer aviso cuando “Procés Constituent” puso condiciones para participar. Y cuando “Barcelona en Comú” acordó mantenerse como observador, sin dar en ningún momento su apoyo a la candidatura. Fue entonces cuando Podemos-ICV aceptaron incluir líderes de movimientos sociales, empezando por los primeros puestos de la candidatura, para potenciar su carácter más amplio  -que hasta ese momento habían olvidado- e intentar ocultar de ese modo su marcado control partidista. Exactamente la misma estrategia de la lista unitaria que finalmente consiguió imponer Artur Mas, con puestos iniciales ocupados por independientes en calidad de jarrones chinos decorativos. Pero a pesar de ese reajuste del plan inicial, el mal ya estaba hecho en “Cataluña Sí Que Es Pot” y era irremediable. La forma en que se hizo la”coalición” (que no “confluencia”) permitirá mañana a ICV salvarse del hundimiento y provocará, a su vez, el hundimiento de Podemos.

Que lo que se ha hecho ha sido una auténtica sopa de siglas -en la línea de lo que Pablo Iglesias dice que quiere evitar en las elecciones  generales de diciembre- queda meridianamente claro con sólo ver todo lo que sale en el logo de la papeleta de votación, a saber: “Catalunya Sí Que Es Pot”-“Podem”-“ICV”-“EUa”. Puede que con esa conformación de la  candidatura se consigan dos  o tres diputados más que los que ICV obtuvo en las últimas elecciones autonómicas, pero nada más. Porque no es nada novedoso. Es tan sólo la lista de ICV con un añadido de Podemos.
(NOTA: finalmente no sólo no se han obtenido dos o tres diputados más de los que obtuvo ICV, sino dos menos).

La encuesta del CIS del mes de julio mostró un dato terrible, que no fue suficientemente valorado: el apoyo a Podemos entre los menores de 24 años había caído un 40%. Precisamente el voto de los jóvenes, que son quienes mejor encarnan las inquietudes y las ilusiones futuras y en cuyas manos está la posibilidad de cambiar la sociedad. La consecuencia de estos datos era clara: por el camino se había perdido la ilusión. Pienso que Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero fueron conscientes de ello cuando decidieron (imagino que de común acuerdo) repartirse los papeles, como en los años setenta habían hecho Felipe González y Alfonso Guerra. De ese modo Pablo se reservaba el papel de Felipe González, de hombre de Estado; mientras Monedero se reservaba el de Alfonso Guerra, el Pepito  Grillo de Podemos, algo que podía permitirse si no estaba en los órganos de dirección.

Además, algunas intervenciones de Pablo Iglesias durante la campaña no han sido precisamente afortunadas y han contribuido a difundir la imagen de alguien que viene de fuera de Cataluña a dar consignas sin saber cómo funciona la sociedad catalana. Especialmente cuando estableció una división en la sociedad catalana apelando al origen de andaluces y extremeños, o a la gente de unos barrios u otros. O los ataques personales de sexo y látigo a Artur Mas. Puede que eso haya conseguido algún voto, pero también ha conseguido que se perdiesen muchos otros. Las intervenciones de Iñigo Errejón, en cambio, han sido todas tremendamente positivas. Ningún medio de comunicación ha podido amplificar ni magnificar negativamente fuera de contexto ninguna de sus palabras. Si hubiesen podido hacerlo lo hubiesen hecho, del mismo modo que pudieron hacerlo con algunas de las intervenciones de Pablo Iglesias. 


 ¿QUÉ HA FALLADO EN EL EJE  TERRITORIAL? 
También en el eje “territorial” se ha seguido una estrategia profundamente equivocada. Cuando Mas vio que una “Catalunya en Comú” podía ganar las elecciones y Convergencia podía hundirse, decidió resucitar su teoría de la lista unitaria. En una semana frenética se cocieron listas soberanistas de todo tipo: se sustituyó la lista unitaria que había sido descartada meses atrás, por una lista “de país” en la que participarían las entidades soberanistas Asamblea Nacional Catalana y Omnium Cultural; de ese modo se pasó de la lista “del” president, a la lista “con” el president; y dos días después, la lista “con” el president fue sustituida, a su vez, por la lista de la sociedad civil “sin” el president; es decir, sin ningún político en activo, ni tan sólo el president.

Fue entonces cuando Mas amenazó con no convocar las elecciones y dinamitar la hoja de ruta que previamente había acordado con ERC. Y ante esta amenaza ERC claudicó y aceptó la candidatura conjunta con Convergencia (Convergencia 60%; ERC 40%) y con personalidades de la sociedad civil. Las CUP, coherentes con sus principios, decidieron mantenerse al margen.

Mañana se verán los resultados de esta opción, que creo que serán complicados de interpretar porque la gente irá a votar mañana por motivaciones muy distintas, imposibles de discriminar. Por eso mañana se obtendrán menos votos independentistas con la lista unitaria, de los que se hubiesen obtenido con tres listas separadas con un punto común sobre la independencia. Eso sí, Convergencia se salvará del desastre y perderá menos diputados de los que habría perdido, gracias a camuflar su identidad, sus recortes y su corrupción bajo esa lista unitaria.

Cuando mañana la gente vaya a votar mezclará todo tipo de motivaciones y no votará sólo “independencia”. Es probable que la candidatura “Junts pel Sí” arranque algún voto a algún indeciso despistado que termine decidiéndose los últimos días ante la imagen de unidad y el prestigio de algunas de las personalidades independientes que la integran. Es probable, por ejemplo, que mañana algunos voten esta lista porque en ella va Lluís Llach, independientemente de que luego éste dimita como diputado a las primeras de cambio. ¿Alguien se imagina a Lluís Llach aguantando estoicamente las soporíferas sesiones parlamentarias un día sí, y otro también?

Puede, repito, que esta lista atraiga algún voto indeciso sobre la independencia. Pero serán los menos. Más bien creo que sucederá todo lo contrario. Mañana esta lista cohesionará a los que ya estaban convencidos, pero no convencerá significativamente a los indecisos que igual terminan huyendo de esa lista. Si pretendían proclamar unilateralmente la independencia enfrentándose al actual orden constitucional, tenían que haber convencido de sus ventajas a unos cuantos centenares de miles de personas que estaban indecisas. Y eso, tal como se verá mañana, no sucederá.
Puede, incluso, que esta lista unitaria produzca por reacción importantes fugas entre los mismos partidarios de la independencia, fugas que no se habrían producido con tres listas separadas. Algunos partidarios de la independencia no votarán esta lista porque implica hacer presidente a Mas; otros, votantes de Convergencia de toda la vida, tampoco la votarán porque en ella va Junqueras; otros, votantes habituales de ERC, tampoco la votarán porque en ella va Mas; y, mucha gente partidaria de la independencia, tampoco la votará porque prioriza la aplicación de las políticas neoliberales cuyos efectos está sufriendo en sus carnes y esta gente no se cree que el único responsable de dichas políticas austericidas sea únicamente el Estado español.

Mañana, pues, mucha gente independentista no votará la lista unitaria por diversas razones. O bien votará otra candidatura que le convenza más o, sencillamente, se quedará en casa o no votará. Esa gente hubiese votado una lista independentista con un contenido social claro, pero no una lista batiburrillo en la que hay gente a la que se rechaza por su actuación en el ámbito social. Y que tampoco entiende el independentismo y la lucha social como lo entiende la CUP. Por eso habrá independentistas fuera de estas dos listas y también en la abstención. Y un resultado sin una mayoría parlamentaria y social rotunda, tanto en el parlamento como en la calle, no permitirá enfrentarse con éxito al Estado español; puede incluso que penda sobre nuestras cabezas la espada de Damocles de una reforma constitucional recentralizadora.

El único dato positivo será el aumento de diputados que experimentará  la CUP, muy superior al que le otorgan los sondeos (NOTA: finalmente la CUP ha pasado de 3 a 10 diputados). A pesar de algunas de sus cosas, en las que no voy a entrar, no se puede acusar a la CUP de ir con medias tintas ni marrullerías:
  • Defiende la independencia territorial de Cataluña (lo cual les une con todos los demás independentistas que no son de la CUP).
  • Defiende el cambio de sistema social (lo cual les une con “Catalunya Si Que Es Pot” e incluso con los sectores socialmente más radicales de ERC).
  • Defiende la participación ciudadana como método  de toma de decisiones  por encima de todo (sus métodos asamblearios y la limitación de cargos son algo público y notorio).
  • Practica la desobediencia civil (a veces con actitudes algo teatrales, pero que tienen repercusión pública).
  • Sólo finalmente, y como última consecuencia, practica la vía parlamentaria (y con indudable  éxito, a tenor de la valoración que en las encuestas se ha hecho de David Fernández).

 ¿QUÉ HACER A PARTIR DE MAÑANA? 
Que no cunda el pánico. Mañana nadie debe dejarse llevar por el pesimismo, el desaliento o la inacción. Especialmente si, en los próximos días, empieza a anunciarse la dimisión de los diputados independientes que deciden volver a su casa y dejar solos a los políticos profesionales en el hemiciclo. Más bien debería suceder todo lo contrario. Porque podría ser que fuesen precisamente los diputados independientes de las distintas candidaturas quienes estuviesen en mejores condiciones de desencallar la situación.

Mañana, una vez conocidos los resultados electorales, habrá  que valorar cuál puede ser el mejor camino para revertir la situación. Porque, tarde o temprano, las cosas terminarán cambiando por la sencilla razón de que el actual sistema social está en crisis, acabado, resistiéndose a morir, dando  sus  últimos coletazos. A partir de mañana habrá que continuar  luchando pues por un cambio profundo, ante el cambio meramente cosmético y superficial con que querrán callarnos quienes detentan y quieren seguir detentando el poder.

El único camino para avanzar en esa dirección consiste en hacer lo que se debería haber hecho antes y no se ha hecho: buscar la máxima confluencia posible con todo el mundo, no sólo con los más afines, y ello tanto en el eje “territorial” como en el “social”. 

Habrá que sentarse a hablar y debatir con todo el mundo, intercambiar los distintos puntos de vista sobre todas las preocupaciones de la gente, ser de entrada receptivos y empáticos para comprender opiniones ajenas, esforzarse por llegar a acuerdos en el mayor número posible de partes del camino que podemos recorrer todos juntos y concretar  aquellas otras que cada cual tendrá que recorrer por separado. Tendrá que ser un debate impulsado desde abajo, mediante el empoderamiento de la gente. Un debate que no pueda volver a ser secuestrado, una vez más, por las consignas de las cúpulas de los partidos que reproducen una y otra vez el caduco esquema de funcionamiento que ha conducido al fracaso.


  AVANZAR EN EL EJE TERRITORIAL 
En el eje “territorial” no será posible ningún cambio profundo sin una transversalidad que integre a todos los sectores importantes de la población, sin excluir de entrada a ninguno. Para ello lo primero a decidir será “cómo se va a decidir, lo que se va a decidir”. Dicho en otras palabras, habrá que pactar de qué manera se tomarán los acuerdos y de qué manera se tomarán las decisiones en aquellas cuestiones en las que haya desacuerdo.

En cuanto a los contenidos, habrá que esforzarse por integrar todos aquellos aspectos compartidos susceptibles de formar parte tanto de una hipotética constitución de Cataluña (como nuevo Estado independiente), como de un no menos hipotético estatuto, de una no menos hipotética constitución española (de tipo federal o confederal). Esto es, delimitar qué competencias (económicas, lingüísticas, jurídicas, educativas, etc) deben estar necesariamente reconocidas bajo cualquier modelo organizativo –todavía por concretar- y establecer un frente común de defensa ante dichas competencias.

En cuanto a la forma de decidir los desacuerdos, lo primero que habrá que hacer será identificarlos para ver en qué consisten. Para ello, quienes defienden una Cataluña independiente, una Cataluña federal o una Cataluña confederal deberán precisar más su modelo y debatir para ver que coincidencias y que discrepancias presentan. Éste todavía sería un tramo común, que permitiría a todo el mundo conocer las distintas opciones ajenas a las suyas propias y ver cuáles de ellas pueden ser asumidas de manera compartida y cuáles no.

Finalmente, tras un período de debate, debería realizarse un referéndum en el que únicamente se votasen los diferentes modelos propuestos y nada  más. Evidentemente, lo lógico sería que ese referéndum fuese organizado de común acuerdo con el Estado español, pero de no ser así debería realizarse igualmente al margen del Estado español. Esta última opción podría suponer iniciar un nuevo tramo del recorrido en el que ya no participasen quienes únicamente están a favor de un referéndum si éste es acordado con el Estado español. Finalmente, el resultado de ese referéndum, acordado  o sin acordar con el Estado español, determinaría el modelo territorial definitivo de Cataluña.

 AVANZAR EN EL EJE SOCIAL 
En cuanto al “eje social”, también habrá que buscar el máximo número posible de acuerdos con el mayor número posible de gente. En algunos casos incluso la unanimidad, como cuando el Pleno del Parlament de Cataluña aprobó la ILP contra los desahucios y la pobreza energética. En otros casos con desacuerdos parciales, como cuando el Pleno del Parlament aprobó la ley contra la homofobia con los votos de CDC, ERC, PSC, ICV-EUiA, Ciutadans y la CUP, y sólo el PP y Unió se opusieron en algunos puntos. En otros casos con una gran mayoría, como cuando el Pleno del Parlament aprobó con los votos de CiU, ERC, PSC, ICV y CUP pedir el cierre progresivo de los Centros de Internamiento de Extranjeros.

También habrá reivindicaciones sociales que choquen con concepciones ideológicas o con intereses de grupos concretos que hagan imposible el acuerdo. Esos desacuerdos  habrá que resolverlos democráticamente, votando las distintas opciones ideológicas.

 PARA TERMINAR 
Y en todos  los casos, suceda lo que suceda y pase lo que pase, será necesaria la desobediencia civil para poder conseguir algo. Ese es el único camino. A la PAH no le fue determinante para parar los desahucios que algunos tribunales, incluso europeos, les dieran la razón. Fue la acción directa en la calle lo que hizo parar los desahucios y, gracias a  esa acción, se creó una sensibilización social colectiva que está culminando en las medidas adoptadas  por los ayuntamientos de confluencia como los de Barcelona, Madrid y otros.

A quienes tienen todos los resortes del poder (económico, político, judicial, mediático, etc) les da igual el resultado de las elecciones y la voluntad popular. Los cambios sólo se consiguen con la presión de la calle y la desobediencia civil. Es entonces cuando las  leyes cambian, no a la inversa. Si se quiere conseguir algo, los directamente afectados debemos salir a la calle y continuar exigiendo nuestras reivindicaciones con acciones cada vez más imaginativas. El modelo para transformar  el sistema no consiste en ir votando cada cuatro años, a ver si  las cosas cambian. El modelo, para mí, es el que siguieron los ciudadanos que protagonizaron la revolución francesa, o los trabajadores que el 19 de julio de 1936 salieron a las calles de Madrid, Barcelona y tantos otros lugares para parar el golpe fascista que se estaba perpetrando.
Sólo mediante la desobediencia civil continuada será posible transformar profundamente el sistema.

2 comentarios:

  1. Parece que el "eje territorial" sí que podría mantener el embite e "ir a por todas" con apoyo civil suficiente, pero no va a querer porque no le interesa enfrentarse con el "eje social"; y éste, efectivamente, carece de apoyo civil para "ir a por todas" por la sencilla razón de que no hay más gente que la que hay, y si "la desobediencia civil" se decanta por lo "territorial" se cierra a lo "social", porque se romperían las alianzas.

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  2. Los dos ejes tienen que saltar por los aires. La situación no aguanta más, ni en el eje territorial ni en el eje social. Hay que establecer alianzas para recorrer el máximo camino que se pueda recorrer juntos. En este sentido comparto y he firmado " MÉS ENLLÀ DEL 27S: MANIFEST PER LA RUPTURA": http://manifest27s.pcriot.com/#manifest

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